Un joven de aspecto
normal,
esos que tienen
permanente acceso
a los sistemas
digitales de información,
sorprendentemente, en
una corta frase,
realiza lo que
pareciera una simple pregunta…
Debo reconocer, no
salgo de mi asombro por la acción
y por el contenido del
cuestionamiento;
he descubierto
recientemente, soy un ignorante
en lo que se denomina
lenguaje inclusivo sin estereotipos,
es justo aceptar haber
requerido tiempo para investigar
los conceptos exactos,
que se adapten a las expectativas del joven,
al parecer confía en mí
discernimiento…
Todavía busco por todos
los medios una respuesta a:
¿la esposa del caballo es la caballa…?
Siempre se ha dicho que hay tantas historias como
contadores de historias, muchas veces la misma historia se mezcla con la
fantasía y con la ilusión de un pasado diferente; de un tiempo acá, he
encontrado como referente de la historia regional, departamental y nacional al
Maestro Armando Martínez Garnica, santandereano de sangre, actual
presidente de la Academia Colombiana de Historia, quien al amanecer de los
jueves publica su columna en el diario Vanguardia Liberal… esta se ha
convertido en una catedra critica del pasado y presente colombiano.
Recientemente, el 19 de junio de 2023, “Pizarras y
lápices para todos los niños”, nos recuerda el papel preponderante de un
verdadero héroe santandereano, ¡sí!, del gran Santander; y no solo como
protagonista de la libertad, su interpretación de verdadera libertad, sus
conceptos de democracia participativa, sino de su interés por la educación del
pueblo; hace referencia al General “Francisco José de Paula Santander
Omaña”.
El papel del General Santander, del cual, a lo largo y
ancho del país muchos establecimientos educativos llevan su nombre, en un justo
reconocimiento. “Francisco José de Paula Santander
Omaña”, fue un político y militar colombiano que participó en el
proceso de independencia, luchando al lado de varios patriotas junto a Simón
Bolívar; su política educativa comenzó con la creación del Colegio de Boyacá,
Tunja, el 17 de mayo de 1822. Se complementó así: Escuela Náutica de Cartagena,
junio de 1822; Colegio de Antioquia en Medellín, 9 de octubre de 1822, que dio
origen a la Universidad de Antioquia; Colegio del Rosario en Bogotá, 10 de
diciembre de 1822; Colegio del Cauca en Popayán, 11 de diciembre de 1822;
Colegio del Azuay en Quito, 28 de mayo de 1823; Colegio Nacional en Santa Fe
(Bogotá), 11 de julio de 1823.
Como lo narra el Maestro Martínez Garnica, su papel en la educación fue mucho más allá de la dotación escolar, que para el tiempo era más que significativa, y requirió de una descomunal inversión del Estado, sin que le temblara la pluma para fortalecer la verdadera libertad que da la educación a los ciudadanos.
Para algunos, mantener viva la historia, sobre todo de
los verdaderos próceres de la tierra, local, regional y lo nacional, nos
permitirá apropiarnos de sus gestas y heroísmos, pero sobre todo, aprender de
sus errores; soy un convencido de la igualdad, la libertad, el respeto por la
vida, los derechos, la autonomía, así como del reconocimiento de los deberes,
equidad, compromiso, respeto y calidad de ser siempre una mejor sociedad, por
lo tanto, comparto plenamente las ideas que han sido ocultadas y soterradas por
más de 200 años del General “Francisco José de Paula Santander Omaña”.
El General Santander era un convencido, como muchos en
este país, afortunadamente, de la ausencia de egos; no compartía acciones como
lo acontecido el 10 de febrero de 1824 cuando Bolívar es nombrado Dictador del
Perú. "El Congreso General Constituyente del Perú, en uso de las
facultades extraordinarias que le ha conferido la nación para salvarla de la
anarquía y de la opresión, decreta: Artículo 1. El Libertador Simón Bolívar es
investido del Supremo Poder Ejecutivo con el título de Dictador del Perú".
Como
acotación, la Constitución proyectada por Bolívar, adoptaba el régimen
unitario, pero consideraba un “presidente vitalicio” a la cabeza del
poder ejecutivo, el cual sería nombrado por primera vez por el congreso
constituyente… en lo personal, 200 años más tarde, ¡da miedo!
Retomando los afanes de la educación, como eje de la
libertad propuesta por el General Santander, el cuento con que inició esta
columna, es más que un cuento, el cuestionamiento del joven pertenece a la
realidad, tal vez de mi quehacer como docente en un tiempo. Estudios recientes
de Desarrollo Social, nos presentan una controversia en lo que ha sido la
expectativa de vida para los adultos colombianos, que oscila entre los 73 y los
80 años, y lo que es la expectativa de vida económica y social de los jóvenes actuales
menores de 35 años; el 52% de los jóvenes colombianos no tienen prevista una
vida laboral, social y económica más allá de esta edad, pareciera que su propia
convicción o forma de ver la vida no les permite apreciar un futuro superior,
lo cual es evidente en el afán por no constituir hogares, por permanecer de
forma dependiente de sus padres o núcleo familiar; hay claridad que el modelo
educativo ha tenido fallas estructurales más allá de la necesidad de dotar de
pizarras y lápices a los estudiantes.
Los modelos tecnológicos, la ciencia y la tecnología
proporcionan los medios para una pedagogía que nos permita pensar en la
educación para la preservación de la especie y la conservación del planeta;
como consecuente con la supervivencia de la raza humana; sin embargo, las
políticas estatales siguen centradas en el vicio de la corrupción y el ciclo
que la mantiene; la compra de votos, el gobernar para reponer el dinero de la
compra de votos, para así volver a comprar votos… son permanentes los escándalos
en infraestructura educativa, como los conocidos colegios inconclusos a lo
largo y ancho del país, el escándalo de los dineros para la conectividad
educativa nacional, la carne de caballo con que se nutren los estudiantes en
los colegios, producto de la paupérrima contratación en el sistema de
alimentación escolar… es aberrante saber que los jóvenes del futuro de Colombia
corren el riesgo de que sus aulas de clase colapsen en cualquier momento.
El producto de la pérdida del sentido histórico de la
sociedad, se refleja cuando un joven de escasos 20 o 22 años nos narra cómo era
la violencia en Colombia para los años 80 y 90; de forma casi heroica y de
pleno conocimiento acomoda los hechos, lejos de la realidad de esos días,
cuando en la región del Chicamocha Medio y en el resto del país los hogares
cerraban sus puertas en la noche y esperaban con ansias que al día siguiente
sus vecinos, amigos, familiares, conocidos e inclusive ellos mismos siguieran
con vida… muchos recordamos el estruendo de una bomba y nos preguntamos en
silencio, ¿Para quién sería?, todavía retumban en los cielos y el avión
fantasma cuando bombardeaba inmisericordemente la ruralidad y los pequeños
poblados, el asombro cuando la fuerza pública abandonaba los municipios,
dejando a los ciudadanos inermes a los terroristas, como producto de una de las
políticas más equivocadas de nuestro país.
Estos jóvenes, que desconocen la sangre que ha corrido en
este país, producto del narcotráfico y el terrorismo, muchos de ellos tatúan en
sus cuerpos el rostro de un personaje que ni siquiera debe mencionarse, piden
la legalización de productos pisoteando la muerte de miles de colombianos; lo
argumentan en nombre de la libertad, inclusión, igualdad y derechos. Este
modelo ideológico fue el que nos llevó sobre los cimientos de la corrupción a
buscar un cambio, del cual fueron protagonistas los jóvenes.
Este 20 de julio del 2023 inicia la nueva legislatura, la
segunda de ese nuevo cambio; vale la pena enfatizar, en la primera legislatura
fue poco lo que se vio de verdaderas reformas, actos legislativos, control
político, seguimiento judicial, administrativo y de control público; se
continuó con los escándalos, la burocracia, la mermelada, solo que, con otro
nombre, los acuerdos en lo subterráneo, la legislación en primera persona, y lo
más preocupante: la amenaza como sistema de gobierno.
Mucho
he repetido, hay que cambiar, “el hacer por hacer, por el saber hacer”.




