Con la del internet, la población mundial pudo acceder a información global, simplemente tecleando una palabra o a un simple clic, pero esa información, lamentablemente, no siempre es la mejor y mucho menos, siempre es la real.
La libertad de expresión encontrada en Internet un aliado sin precedentes, desde perfiles reales y falsos o desde el anonimato. Los foros de discusión y las comunicaciones electrónicas nos hacían pensar en un florecimiento de escenarios libertarios. Este fenómeno se extiende de manera muy rápida en el planeta, las fronteras nacionales desaparecen con el telón de fondo de la red digital, abierta por doquier a opiniones, expresiones y contenidos digitales.
Gracias a toda esta tecnología se han podido conocer culturas, costumbres, historias y hechos en tiempo real, desde y hacia cualquier parte del mundo; la virtualidad se profundizó con la llegada de la pandemia del COVID 19 y así nos fuimos sumergiendo en un mundo entre lo real y lo irreal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo racional y lo irracional y todo se volvió público de la noche a la mañana y desapareció la privacidad.
La aparición y consolidación de las redes sociales nos entusiasmó aún más. La voz de los que no tenian voz, encontro un espacio para hacerlas sonar, para hacerlas visibles. Miles de millones de personas conectadas en plataformas puestas a disposición para presentar en vivo y en directo, sin filtro, cualquier opinión y expresar públicamente lo que se les da la gana o lo que antes permaneció en la intimidad o en un ámbito familiar o de algunos amigos. La opinión racional y objetiva hoy es la excepción, estas herramientas tienden más a lo momentáneo que a lo reflexivo, en resumidas cuentas, las redes sociales impulsan al cerebro a actuar, pero no a pensar.
Y aquí es cuando muchos instintos afloran, los temperamentos viscerales encuentran el escenario para su virulencia, se dice hoy, “para hacerlo viral”. El odio, el racismo, la amenaza, el acoso, el insulto, la injuria, la calumnia, la cizaña, la envidia, el hostigamiento, entre otras, han pasado de la realidad física y han hecho su aparición “virtual”.
Hoy en el mundo es muy comun desatar una asonada civil de la poblacion contra cualquier hecho que a alguien le pareciera intolerable o indignante; hay personas que lamentablemente usan sus redes sociales solo para incendiar a una jauría de idiotas que están atentos a multiplicar sus babosadas y sus frustraciones y determinarán una situación normal en un campo de batalla, permitiendo a delincuentes, vagabundos, antisociales, que abundan en las calles , aprovecharse de la situación y terminar vandalizando cuanto edificio, local, negocio o infraestructura pública encuentra a su paso, demostrando su máxima brutalidad y su máxima capacidad de destruir, precisamente a quién menos tiene que ver en el asunto. Al final, terminan destruyendo el negocio de una familia honesta que ha trabajado toda su vida para mantenerlo, destruyendo vehículos, edificaciones educativas, bienes de servicio público, asaltando y en muchos casos matando a personas inocentes que lamentablemente se encontraron en el lugar de los hechos , porque era su camino a casa oa su trabajo.
Lamentablemente, estas redes sociales también han sido
utilizadas por los dueños del poder, nunca antes una población se había visto
tan polarizada como la actual, en todo el mundo esta polarización ha promovido
las manifestaciones, que bajo un tufillo de legalidad y del derecho a la libre
expresión, se han utilizado para profundizar el odio entre personas de un mismo
pueblo, de una misma ciudad, de un mismo país y lo peor, de una misma familia.
Convocar a la rebeldía se ha vuelto el pan de cada día y los resentidos, los
irreverentes, los defensores, los acusadores, los manipulados, etc., abundan
por todas partes y siempre están dispuestos y atentos a cualquier “trino”
sublimatorio que les de el chispazo que los enardezca y les estimule a salir a
las calles a vomitar todo ese excremento que consumen en sus mentes,
precisamente por la desinformación de las mismas redes sociales.
Los hechos hablan por sí solos, Francia, Perú y ni
hablar de lo que sucede en las ciudades de Colombia, el turno ha sido para
Bucaramanga, una ciudad que en los últimos años ha perdido el nombre de la “Ciudad
bonita”, donde predomina el caos vial, la inseguridad, el narcotráfico, el
lavado de dinero, la falta de control de extranjeros, la corrupción, etc., y
hoy, en un acto de rechazo a un hecho confuso en un accidente de tránsito,
donde lamentablemente un motociclista perdió la vida, se convirtió en una ciudad
vandalizada, aterrorizada y violentada por parte de un grupo de vándalos que, a
través de las redes sociales, convocaron protestas y terminaron bloqueando y
paralizando la ciudad.
La gente del común puede publicar una opinión,
manifestar descontento, denunciar, criticar, expresar indignación, ir contra la
corriente, expresar lo que se le dé la gana. Al parecer, nadie puede controlar
este fenómeno creciente del internet social. Indiscutiblemente e imbécilmente,
la tendencia o el hashtag reemplaza
colectivamente a las viejas, tradicionales y objetivas columnas de opinión de
los periódicos escritos y digitales que encausaban una conversación o una
discusión entre personas decentes, sin agresiones, sin violencia, sin matoneo o
una simple discusión colectiva sana. La violencia promovida desde las redes
sociales, al parecer se ha salido de madre, están descontroladas y sin nadie
que pueda ponerlas en cintura y mucho menos detenerlas.
Definitivamente, como dicen por ahí, lamentablemente “vendrán peores cosas”.




