“Hoy que regreso a mi
vereda después de
tanto vagar sin fe,
vine a buscarte viejo
camino, camino
viejo de mi niñez,
y con tristeza solo he
encontrado,
seguramente por tu
vejez.
Que ya no existen las
clavellinas, las
amapolas y el girasol,
y solo quedan las
viejas ruinas
de aquella escuela de
doña Inés”.
Canción
Camino Viejo
José
Alejandro Morales López
Afortunadamente El Creador no necesitó estudios, diseños,
cálculos estructurales, presupuestos, licencias y permisos; igualmente
certificados del sistema de gestión de calidad, consulta previa… para proveer al
territorio del Chicamocha Medio el Hilo de Plata en Noche de Luna Llena, (Rio
Chicamocha).
En estos días donde se nos volvió común en Colombia a voz
en cuello y tal vez con acento de montaña, más bien con cierta urgencia,
pregonar: ¡Ole maestro Javier, présteme cuatro o cinco parales pa´ trancar
el puente!; surgen interrogantes: ¿por qué vivimos en un país
medianamente construido?, ¿por qué todas nuestras obras son obras a
medias?…
Tenemos la claridad de que no siempre fue así, los
ancestros más puros nos han dejado vestigios antes de la llegada de los españoles, los pueblos indígenas que habitaban
el territorio colombiano construyeron diversas obras arquitectónicas con fines
religiosos, políticos, sociales y económicos; se evidencia Ciudad Perdida de
los Tayrona en la Sierra Nevada de Santa Marta, el Parque Arqueológico de San
Agustín en el Huila, el Parque Arqueológico de Tierradentro en el Cauca; El
Parque Arqueológico de Moniquirá, La Ciudad Perdida de Guane, El Parque
Arqueológico de Sogamoso… innumerables evidencias, algunas destruidas bajo la
sombra del progreso, dejan ver la calidad y compromiso constructivo de la época.
El proceso de colonización con influencia europea,
especialmente de estilo barroco, neoclásico y renacentista, plasmó
infraestructura, principalmente con fines religiosos, militares y
administrativos; Catedral Basílica Metropolitana de Santiago de Tunja en
Boyacá, la iglesia catedralicia de culto católico más antigua de Colombia y de
estilo gótico isabelino; el Castillo San Felipe de Barajas en Cartagena, la
fortaleza militar más grande construida por los españoles en América y la Casa
del Fundador Gonzalo Suárez Rendón en Tunja, entro otros ejemplos…
Posterior a la independencia de Colombia, reflejaban la
identidad nacional y las tendencias internacionales de estilo neogótico, el art
déco, el art nouveau, el neocolonial y el modernismo, presentando edificios como
el Capitolio Nacional en Bogotá, sede del Congreso de la República y símbolo de
la democracia colombiana; el Teatro Colón en Bogotá, el teatro más antiguo del
país y una joya del neoclasicismo…
La infraestructura vial no fue ajena, considerado el primer
puente vehicular en Colombia, el Puente de Boyacá, construido a principios del
siglo XVIII sobre el río Teatinos, en el municipio de Ventaquemada,
departamento de Boyacá. Este puente fue escenario de la histórica batalla de
Boyacá, el 7 de agosto de 1819.
Puente de Occidente, puente colgante en el occidente
antioqueño, comunica los municipios de Olaya y Santa Fe de Antioquia, al
oriente y occidente del río Cauca, respectivamente; construido entre 1887 y
1895 por el ingeniero José María Villa, quien se inspiró en el puente de
Brooklyn de Nueva York. En su momento, considerado el séptimo puente colgante
más importante en el mundo; declarado monumento nacional en 1978.
Puente de Guayaquil en Medellín, une al cerro Nutibara
con el centro de la ciudad, construido en 1879 por los ingenieros Tyrrel Moore
y Enrique Haeusler, con materiales como madera, hierro y acero.
La historia nos recuerda cómo la ingeniería forma parte
del desarrollo, no solo en la infraestructura nacional, sino de su propia
independencia; Francisco José de Caldas (1768 – 1816): científico, ingeniero y
periodista neogranadino, considerado uno de los precursores de la independencia
de Colombia, fue director del Observatorio Astronómico de Bogotá.
Jorge Tadeo Lozano (1771 – 1816): científico, naturalista
y político neogranadino, que fue presidente de Cundinamarca en 1811 y
vicepresidente de las Provincias Unidas en 1815.
Juan del Corral (1778 – 1814): patriota y político
neogranadino a quien se le atribuye haber introducido a la región el cultivo
del cacao y haber promovido la libertad de los hijos de los esclavos.
José Acevedo y Gómez (1773 – 1817): militar y político
colombiano, conocido como el Tribuno del Pueblo, que fue uno de los líderes del
movimiento del 20 de julio de 1810. Fue alcalde de Bogotá. Se ocupó de mejorar
las condiciones sanitarias, educativas y culturales de la ciudad, así como de
construir puentes, caminos y acueductos.
Los nombres de estos héroes, en todo sentido, se suman a
muchos más que contribuyeron de forma técnica al avance de la patria que en
algún momento se detuvo; en algún momento la infraestructura nacional se
convirtió en un galimatías difícil de desenredar; la burocracia, la corrupción,
y la complicidad han llevado al traste el concepto de lo público y la
satisfacción de las necesidades del territorio.
En algún momento las escuelas se convirtieron en
interminables, los hospitales en un foco de desangre para el presupuesto
público, como los ejemplos más recientes en nuestra región, dónde no se han
iniciado obras y ya se alzan las voces de alerta.
Los puentes se empezaron a caer cada vez más seguido, casi
tanto como el actual gabinete ministerial, tal vez ambos parecieran estar
pegados con babas; y en los dos casos, las justificaciones aparecen por doquier:
“que estamos en una cordillera en formación, que llovió, que tembló…”, siempre
se encuentra la excusa perfecta que encaja milimétricamente en todas partes,
menos en el sitio donde está la responsabilidad.
Se empieza a cerrar entonces un ciclo, se empieza a
evidenciar que la culpa está en el momento en que los ciudadanos se hicieron
cómplices de la corrupción al seguir eligiendo los mismos, o a los mismos por
interpuesta persona, o a uno nuevo con la foto al lado del mismo… se siente
dolor al empezar a ver los salones de reunión dónde masivamente la comunidad
busca acercarse a ver, tocar y hasta oler al clásico politiquero, ese que tal
vez acabó de salir de la cárcel, o su pariente cercano está en la cárcel, entre
otros muchos enlaces que terminan en el mismo sitio.
Señores candidatos, sean capaces de mostrarse a sí mismos
por sus capacidades, muchos de Ustedes no tienen la necesidad de buscar
escuderos mediocres que mantienen el poder por el miedo, el dinero y la
corrupción.
Qué pensará Julio Garavito Armero (1865 – 1920), astrónomo, matemático, economista,
poeta e ingeniero colombiano; impulsor de las ciencias en Colombia durante el
siglo XIX; científico del nivel de José Celestino Mutis y Francisco José de
Caldas; inmortalizado más allá de lo que podemos ver, toda vez que en 1970 uno
de los cráteres lunares del lado opuesto al visible desde la Tierra, fue
bautizado con su nombre, (coordenadas selenográficas de latitud 48° al sur y
157° de longitud oriental).
Qué pensará Julio Garavito Armero, cuando una de las más
célebres escuelas de ingeniería del país y de Latinoamérica lleva su nombre;
cuando el concepto de ingeniería se instrumentaliza por la politiquería en manos,
muchas veces de quienes escasamente saben leer y escribir.
Al igual que de aquel caminito viejo, ya solo quedan las
viejas ruinas…
Mucho
he repetido, hay que cambiar, “el hacer por hacer, por el saber hacer”.




