Del hombre los derechos
Nariño predicando,
El alma de la lucha
Profético enseñó.
Ricaurte en San Mateo
En átomos volando,
Deber antes que vida,
Con llamas escribió.
(Undécima Estrofa, Himno Nacional de Colombia)
Rafael Wenceslao Núñez Moledo
El Capitán Antonio Clemente José María
Bernabé Ricaurte Lozano, nacido en Villa de Leyva, Boyacá, el 10 de junio
de 1786, quien “Heroicamente” muere en San Mateo, estado Aragua de
Venezuela el 25 de marzo de 1814; leyenda, mito o historia, inmortaliza para la
independencia de la Gran Colombia el uso de la pólvora, tanto en lo bélico como
en lo sociopolítico y en el significado que esta misma ha tenido en la
construcción de la sociedad.
Aparte del reconocimiento en la onceava
estrofa del Himno Nacional de la República de Colombia, el batallón de
infantería número 14 del Ejército Colombiano, con su estructura en Bucaramanga,
el batallón de artillería N°8 en Pereira y la fábrica de explosivos de la
industria militar INDUMIL, llevan el nombre de este capitán, al igual que
algunas poblaciones, veredas y corregimientos en el territorio nacional y en la
vecina República de Venezuela, y con justa razón, el Instituto Militar Universitario de
Tecnología, museos, embarcaciones, aeronaves y armas. Acciones que buscan
prevalecer la relación del Capitán Ricaurte y la Pólvora.
Esta mezcla de carbón vegetal, azufre y
nitrato de potasio, inventada en China para hacer fuegos artificiales y armas, en
siglo comprendido entre 800 y 900 después de Cristo, con gran éxito en Europa y
Asia para los años 1200, genera una verdadera revolución en la industria, la
minería, la infraestructura, el entretenimiento, la salud, las comunicaciones,
la religión, la política y la forma de matarnos; ya los seres humanos no se
matan a piedra, palos, golpes, espadas, lanzas o flechas.
Como parte de la lógica de la expansión del
conocimiento, la pólvora fue introducida en América por los conquistadores
españoles y portugueses, que la utilizaron contra los pueblos indígenas en los
nuevos territorios, donde además, se podían encontrar fácilmente yacimientos de
salitre y azufre, por lo que las fuerzas de los conquistadores pudieron reponer
la pólvora que utilizaban sus armas; adicionalmente, también se usó para fines
festivos, artísticos y religiosos; logrando un impacto cultural de apropiación de su uso en la cultura
americana.
No se sabe con exactitud cuándo llegó la
pólvora a Colombia, pero se cree que fue durante el proceso de conquista y
colonización que inició en 1499. Los primeros registros de su uso se remontan
al siglo XVI, cuando se empleaba para defender las ciudades costeras de los
ataques de piratas y corsarios; también se utilizó para reprimir las rebeliones
indígenas y afrodescendientes, así como para celebrar las fiestas religiosas y
patrióticas; con el tiempo, la pólvora se convirtió en una tradición popular
que se mantiene hasta hoy, aunque con restricciones legales para proteger la
salud y el medio ambiente.
En Boyacá es una tradición que se remonta a
varios siglos, como ejemplo Guateque, capital de la provincia de Oriente, donde
la industria y tradición pirotécnica hace que sus fiestas sean de las más
visitadas en el mes de enero en Boyacá, precisamente por su festival de juegos
pirotécnicos. Se ha
popularizado también el Festival de luces en Villa de Leyva. Es tradicional
encontrar la pólvora presente a lo largo y ancho de Boyacá y Santander, generando
empleo a más de 700 familias, desafortunadamente muchas de ellas al borde de la
ilegalidad.
El 29 de julio
del 2023 se cerraron las inscripciones para los procesos electorales regionales,
y empezamos a encontrar cierta relación con la pólvora; los candidatos se
regaron como pólvora… Más de 120.000 candidatos aspiran a los 32 cargos de
Gobernador, 1.102 cargos de Alcalde, 418 curules en las Asambleas, 12.072
curules en los Concejos y 6.885 designaciones a las Juntas Administradoras
Locales.
La Región del Chicamocha
Medio, Boyacá y Santander, participará en la elección de 2 Gobernadores, 32 Diputados,
(16 por departamento), 29 Alcaldes, (Provincia de Norte 9, Provincia de
Gutiérrez 6, Provincia de García Rovira 12 y los municipios de Cepita y Santa Bárbara)
y 231 a Concejos; sin desconocer los pertenecientes al otro lado del rio en
Santander, como Onzaga, San Joaquín, Mogotes, Curití, y Aratoca.
En el caso de los
candidatos capaces y verdaderos, es de desearles los mejores éxitos, que los
ciudadanos entiendan el verdadero principio de la política y la democracia; que
el pueblo sea capaz de entender la sociedad en plural y no en primera persona, que
de una vez por todas dejen de pensar en él contratico, el puesto, la prebenda, el
que más grita, y tristemente por el que más paga.
Durante estos 3
meses, día tras día, el estruendo de la pólvora anunciará la reunión, la
manifestación, la caravana, el asado y todas esas actividades que se han vuelto
propias de las contiendas electorales; independientemente que don Jacinto, el
polvorero de la vereda aquella, en cualquiera de los municipios de la región,
durante mucho tiempo, haya dedicados su quehacer a esos pequeños artilugios
cilíndricos de papel o cartón, con no más de 20 centímetros, graciosamente
ataviados casi como un seminarista estrenando sotana, aferrados a una caña o
vara de unos 80 centímetros a 1 metro; provisto de un sofisticado mecanismo de
activación, impulso y explosión, que dependiendo de su costo recibe el nombre
de volador suelto, tercio o quinto según sus detonaciones.
Así, el 29 de
octubre de 2023, posterior a las cuatro de la tarde, solo 20.509 de los más de
120.000 candidatos, lograrán su cargo ,curul o designación; lo que nos lleva a
recordar al prócer con que iniciamos esta historia; nos integra al capitán y su
gesta heroica, con la pólvora, el proceso electoral regional, sus resultados y
los más de 100.000 quemados o en átomos volando… no deja de preocupar que,
dentro de 4 años, igual que ahora, los verdaderos destruidos sigan siendo los
gobiernos regionales y locales, los verdaderos reducidos a la desaparición sean
los recursos del Estado, y de las elecciones del 2023 solo quede un estruendo.
Mucho he repetido, hay que cambiar, “el hacer por
hacer, por el saber hacer”.





