Cada cuatro años que empiezan las elecciones
regionales en Colombia y durante un poco más de una década, he publicado
columnas refiriéndome al cinismo, el descaro, a los entramados, a las mentiras
y promesas a que acuden todos los candidatos de elección popular que se escogen
en nuestros departamentos y municipios. Reviso el archivo de mis columnas y sin
temor a equivocarme puedo repetir una de hace 10 años y la historia es la
misma, los hechos que advierto se repiten, se acrecientan y se transforman ante
los ojos y oídos de toda la comunidad, sencillamente como si nada pasara.
Aquí resumo lo que, en términos de denuncias por
corrupción y balance de impunidad entre los años 2010 y el 2023, en un informe
entregado por la Secretaría de la Transparencia de la Republica, en cabeza de
Andrés Idárraga este 17 julio pasado. En este término de tiempo en Colombia se
han establecido 57.582 denuncias contra funcionarios públicos, principalmente
por los siguientes delitos: el 26% de denuncias son por peculado por
apropiación (apropiarse o robarse la plata de nuestros impuestos); el 24,6% por
celebración indebida de contratos (contratación a dedo, sin requisitos
legales); el 10% por el delito de concusión (que es pedir plata por adjudicar
un contrato, el famoso 10%, que según queja de contratistas hoy ha subido hasta
el 25%). En términos generales y de tiempo se puede deducir que, en Colombia
cada año, se establecen por corrupción 4.500 denuncias aproximadamente, es
decir, 375 cada mes o 12,5 denuncias cada día. Ahora, imagínense esta cifra si
se denunciaran todos los casos reales de corrupción.
Pero eso no es lo peor, en este mismo crudo, cruel y
real informe, se demostró que, de estas 57 mil denuncias, 54 mil,
aproximadamente, están en la impunidad, que equivalen al 94%, es decir, no
tienen ningún tipo de condena y se encuentran en etapa preliminar (desde hace
13 años) 44 mil denuncias que representan el 77%. Entre los departamentos con
mayor porcentaje de impunidad están Vaupés, con 98,6%; Guaviare, 98%; Boyacá, 95,7%
y Santander, 94,1%. Es importante anotar que ningún departamento está por
debajo del 90% de impunidad.
Según lo expresado por el secretario de la Transparencia,
“El sistema de control (Contraloría, Procuraduría y Fiscalía), como se sabe en
casos ciertos, han entrado en la cadena de corrupción y son responsables de la
impunidad. Desde que los montos de corrupción son enormes, se habilitó también
que hubiera dinero para silenciar y torcer a todos los posibles actores en el
proceso. Pero, desde luego, la mejor forma de que no haya impunidad es que no
haya corrupción, a la cual hay que procesar judicialmente y no termine en
impunidad final”.
Se vienen las campañas políticas y desde ahí se da
origen a este flagelo de la corrupción, desde ahí se empiezan a amarrar las
contrataciones, desde ahí se empiezan a montar las macroempresas corruptas,
desde ahí se empieza a tejer las redes de la corrupción. Pero para que esta red
de corruptos se necesite, es porque los electores también se disponen a ofertar
al mejor postor su voto, o, en el peor de los casos, el voto en “paquete
familiar”, se disponen a pedir el tamal, el ladrillo, la manguera, el cemento,
se disponen a “venderle el alma al diablo”. Todo esto es lo que hace que las
campañas políticas cuesten mucho dinero. Es increíble pensar que una campaña
para un pueblo como Málaga (S), según los expertos en hacer campañas, cueste
más de 1.500 millones de pesos o, para no ir tan lejos, en San José de Miranda,
donde especulan que la campaña para la Alcaldía vale 1.000 millones de pesos
para pagar los votos que se compran hasta por 5 o 10 millones, dependiendo el número
de familiares.
Es increíble que hoy una simple inscripción de
candidatura, (antes escasamente iba el candidato y los tres testigos) se haga
con manifestación pública, orquesta, caravana paga de vehículos; que los
lanzamientos de campaña de un concejo municipal sean con verbena popular, con
artistas como Jessi Uribe; que los cierres de campaña sean todo un carnaval que
mueve centenares de millones de pesos, etc. Todo esto es un círculo vicioso,
los unos terminan dependiendo de los otros y al parecer es de nunca acabar. Siempre
hago referencia a Ricardo Silva Romero, escritor colombiano que admiro y sigo
religiosamente, y que, en su última columna semanal de El Tiempo de este 11 de
agosto, dice lo siguiente: “Sabemos que nos ocurre todo esto: porque, como dijo
el exsenador Martínez, “es mejor negocio la política que el narcotráfico”. Hoy
no hay mucha diferencia entre un político y un narco.
La impunidad es sobre todo una recompensa. Sí, una
recompensa para los corruptos que pueden llevarse el botín y los alienta a
seguir robando. Ayn Rand decía: “cuando caes en cuenta que la corrupción es
recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces
podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada”, así
estamos, condenados, porque según lo demostrado, Colombia se ha vuelto un país
inviable frente al flagelo de la corrupción.
Y hablando de “estar condenados” que es un término que
tenemos presente, principalmente los que comulgamos la fe católica, recurro al
texto bíblico de San Mateo 13, 10-17, y que pareciera se estuviera cumpliendo
la profecía de Isaías, y que textualmente dice: “al que tiene se le dará y tendrá
de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les
hablo en parábolas porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender.
Nada más acertado a la realidad que este mensaje
bíblico, todos los colombianos, santandereanos y rovirenses saben, escuchan y
ven, que todo este robo de los recursos pasa, y, por lo visto, seguirá pasando,
porque ya está claro que por la calidad de candidatos que se inscribieron para
esta elecciones de octubre, todo es más de lo mismo, todo el entramado va a ser
igual; ya están listas las fachadas, los directorios políticos, los camiones de
cerveza, las orquestas, en fin, el “pan y el circo”, para que la función
continúe: ven y no quieren ver, oyen y no quieren escuchar y siguen sin
entender. Como dijo el ingeniero Rodolfo Hernández, “nos hacemos los pingos”.
Toda una pandemia de sordera, ceguera e ignorancia, que esta dejando peores
estragos que el COVID-19.





