Sordera y ceguera, una pandemia crónica


Es increíble que hoy una simple inscripción de candidatura, (antes escasamente iba el candidato y los tres testigos), se haga con manifestación pública, orquesta y caravana paga de vehículos. (Foto tomada de Internet).

Por Rubén Darío Rodríguez López
Chicamocha News – agosto de 2023

Cada cuatro años que empiezan las elecciones regionales en Colombia y durante un poco más de una década, he publicado columnas refiriéndome al cinismo, el descaro, a los entramados, a las mentiras y promesas a que acuden todos los candidatos de elección popular que se escogen en nuestros departamentos y municipios. Reviso el archivo de mis columnas y sin temor a equivocarme puedo repetir una de hace 10 años y la historia es la misma, los hechos que advierto se repiten, se acrecientan y se transforman ante los ojos y oídos de toda la comunidad, sencillamente como si nada pasara.

Aquí resumo lo que, en términos de denuncias por corrupción y balance de impunidad entre los años 2010 y el 2023, en un informe entregado por la Secretaría de la Transparencia de la Republica, en cabeza de Andrés Idárraga este 17 julio pasado. En este término de tiempo en Colombia se han establecido 57.582 denuncias contra funcionarios públicos, principalmente por los siguientes delitos: el 26% de denuncias son por peculado por apropiación (apropiarse o robarse la plata de nuestros impuestos); el 24,6% por celebración indebida de contratos (contratación a dedo, sin requisitos legales); el 10% por el delito de concusión (que es pedir plata por adjudicar un contrato, el famoso 10%, que según queja de contratistas hoy ha subido hasta el 25%). En términos generales y de tiempo se puede deducir que, en Colombia cada año, se establecen por corrupción 4.500 denuncias aproximadamente, es decir, 375 cada mes o 12,5 denuncias cada día. Ahora, imagínense esta cifra si se denunciaran todos los casos reales de corrupción. 

Pero eso no es lo peor, en este mismo crudo, cruel y real informe, se demostró que, de estas 57 mil denuncias, 54 mil, aproximadamente, están en la impunidad, que equivalen al 94%, es decir, no tienen ningún tipo de condena y se encuentran en etapa preliminar (desde hace 13 años) 44 mil denuncias que representan el 77%. Entre los departamentos con mayor porcentaje de impunidad están Vaupés, con 98,6%; Guaviare, 98%; Boyacá, 95,7% y Santander, 94,1%. Es importante anotar que ningún departamento está por debajo del 90% de impunidad.

Según lo expresado por el secretario de la Transparencia, “El sistema de control (Contraloría, Procuraduría y Fiscalía), como se sabe en casos ciertos, han entrado en la cadena de corrupción y son responsables de la impunidad. Desde que los montos de corrupción son enormes, se habilitó también que hubiera dinero para silenciar y torcer a todos los posibles actores en el proceso. Pero, desde luego, la mejor forma de que no haya impunidad es que no haya corrupción, a la cual hay que procesar judicialmente y no termine en impunidad final”. 

Se vienen las campañas políticas y desde ahí se da origen a este flagelo de la corrupción, desde ahí se empiezan a amarrar las contrataciones, desde ahí se empiezan a montar las macroempresas corruptas, desde ahí se empieza a tejer las redes de la corrupción. Pero para que esta red de corruptos se necesite, es porque los electores también se disponen a ofertar al mejor postor su voto, o, en el peor de los casos, el voto en “paquete familiar”, se disponen a pedir el tamal, el ladrillo, la manguera, el cemento, se disponen a “venderle el alma al diablo”. Todo esto es lo que hace que las campañas políticas cuesten mucho dinero. Es increíble pensar que una campaña para un pueblo como Málaga (S), según los expertos en hacer campañas, cueste más de 1.500 millones de pesos o, para no ir tan lejos, en San José de Miranda, donde especulan que la campaña para la Alcaldía vale 1.000 millones de pesos para pagar los votos que se compran hasta por 5 o 10 millones, dependiendo el número de familiares.

Es increíble que hoy una simple inscripción de candidatura, (antes escasamente iba el candidato y los tres testigos) se haga con manifestación pública, orquesta, caravana paga de vehículos; que los lanzamientos de campaña de un concejo municipal sean con verbena popular, con artistas como Jessi Uribe; que los cierres de campaña sean todo un carnaval que mueve centenares de millones de pesos, etc. Todo esto es un círculo vicioso, los unos terminan dependiendo de los otros y al parecer es de nunca acabar. Siempre hago referencia a Ricardo Silva Romero, escritor colombiano que admiro y sigo religiosamente, y que, en su última columna semanal de El Tiempo de este 11 de agosto, dice lo siguiente: “Sabemos que nos ocurre todo esto: porque, como dijo el exsenador Martínez, “es mejor negocio la política que el narcotráfico”. Hoy no hay mucha diferencia entre un político y un narco.

La impunidad es sobre todo una recompensa. Sí, una recompensa para los corruptos que pueden llevarse el botín y los alienta a seguir robando. Ayn Rand decía: “cuando caes en cuenta que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada”, así estamos, condenados, porque según lo demostrado, Colombia se ha vuelto un país inviable frente al flagelo de la corrupción.

Y hablando de “estar condenados” que es un término que tenemos presente, principalmente los que comulgamos la fe católica, recurro al texto bíblico de San Mateo 13, 10-17, y que pareciera se estuviera cumpliendo la profecía de Isaías, y que textualmente dice: “al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. 

Nada más acertado a la realidad que este mensaje bíblico, todos los colombianos, santandereanos y rovirenses saben, escuchan y ven, que todo este robo de los recursos pasa, y, por lo visto, seguirá pasando, porque ya está claro que por la calidad de candidatos que se inscribieron para esta elecciones de octubre, todo es más de lo mismo, todo el entramado va a ser igual; ya están listas las fachadas, los directorios políticos, los camiones de cerveza, las orquestas, en fin, el “pan y el circo”, para que la función continúe: ven y no quieren ver, oyen y no quieren escuchar y siguen sin entender. Como dijo el ingeniero Rodolfo Hernández, “nos hacemos los pingos”. Toda una pandemia de sordera, ceguera e ignorancia, que esta dejando peores estragos que el COVID-19.

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