Una casa de puertas abiertas…

Hace 50 años

caminaba por la calle once hasta la carrera octava

también llamada Calle Real,

algo más de una cuadra, antes de subir para el Asilo

estaba la panadería de Don Guillermo Gómez,

se compraba el pan y tal vez un mostachón

Por Germán Alfonso Garcés Mariño

Quisiéramos hacer una columna como siempre, más cuando se acerca la Navidad, hoy, muchas de las diferencias las da la misma vida; la columna se escribe esta vez al otro lado del río, por el norte del Chicamocha Medio… también se personaliza un poco por los sentimientos que los días no apagan en el corazón; agradezco su comprensión.

En un mismo día, no solo partió mi Hermana, Thor decidió acompañarla.

Nunca los voy a olvidar.

Los pueblos del Chicamocha Medio que parecieran distantes, algunos más altos, otros más bajos, unos fríos, unos calientes; en una época unos liberales y otros conservadores, sin embargo, nunca diferentes… en todos se arraigaron tradiciones como la de ir a comprar el pan y son de las cosas que casi nunca cambian; los almacenes de cadena, ahora presentes en la mayoría de los territorios, lo hacen más fácil, más variado, pero nunca más valioso… al igual que la panadería de “Don Guillermo Gómez”, en todos los pueblos hay una que se encarna en el alma de las familias, igualmente como las casas que otrora siempre estaban con las puertas abiertas, más que una tradición, un síntoma de la confianza que se tiene entre vecinos y transeúntes; nunca se pensaba mal, siempre estaban ahí para quien necesitara entrar a pedir un favor, a llevar un presente, muchas veces a saludar y muchas más a contar un chisme.

Las casas de puertas abiertas son un sinónimo de la salud de la sociedad, también de espiritualidad, “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros,” lo cita Lucas, 10 y Juan 13… para muchos es un reflejo de la buena crianza, de lo que aprendemos de los padres, y eso fue lo que aprendió mi Hermana Luz Marina, a amar el prójimo más que a sí misma, no solo su casa fue un sitio de puertas abiertas, también su forma de atender a las personas y de obrar siempre bien, sin buscar ninguna retribución, no escapó a los abusos, pero pareciera que nunca le importó, cada quien con su conciencia… diríamos que fiel a las costumbres de los pueblos del Chicamocha Medio…

Le dio significado a su labor como maestra, ese que va mucho más allá de la formación bilingüe, de la mal interpretación del respeto por el libre desarrollo de la personalidad, muy por encima de la mediación tecnológica y la inteligencia artificial, a la cual no se le podrán implantar los sentimientos… es de recordad que durante la colonia, por el siglo XVI, surgen los primeros maestros, encargados de enseñar religión y español a los indígenas, debemos decir, no a leer y escribir; en 1832, por disposición del General Francisco José de Paula Santander Omaña, se establece el sistema de educación pública en Colombia, impulsando la creación de muchas escuelas, colegios y universidades en donde se impartió una educación totalmente laica que se orientaba principalmente a una filosofía liberal; pero en fin, en alguna forma libre de pensar; la educación se ha desarrollado significativamente en más de 200 años, pero no suficiente… la adaptación y evolución educativa ha permitido la pérdida de valores, significativamente los principales valores del ser humano, se debe aprender nuevamente a pensar con el corazón, aprender a merecer las casas con las puertas abiertas.

En pocos días es Navidad, en menos se empiezan las novenas y los matachines; don Jacinto, el polvorero de la vereda aquella, vuelve a tener trabajo, sus  voladores sueltos, tercios y quintos acompañaran madrugadas, tardes y noches; misas y fiestas… la Navidad, en medio de todo el sentido comercial, por algunos momentos traerá paz y regocijo a nuestros corazones, por alguna causa es un periodo en el cual reaparecen los valores en el corazón… muchos hogares abren sus puertas, sí, algunos para sacar el cable del equipo de sonido, pero afortunadamente otros para compartir y expresar sentimiento a los demás… recordar el mensaje que quiso enseñar el que nació hace dos milenios.

En algunos sectores, el masato, la longaniza con la papá criolla; en otros los tamales, la mantecada, la chicha, la adopción de las tradiciones más modernas como el pavo y la integración gastronómica del Mediterráneo, que no es reciente, toda vez que recordamos que el mismo tamal y la chicha han tenido vínculo al involucrar especies,  el cerdo y otras carnes e inclusive el azúcar de la caña; no solo esparcen su aroma, sino que cruzan las calles como ya lo hemos dicho en otras ocasiones, con ese afecto que se expresa hacia los vecinos.

Para los más jóvenes, concebir una Navidad lejos del centro comercial, lejos de una cena Gourmet, por no decir Vegana u Orgánica, distante del celular y la red social, es inconcebible; no se puede pensar en la distracción del hogar millennial, ese compuesto por un humano y un celular; los niños solo entienden el concepto de navidad como la oportunidad para tener el artilugio de última generación; la tecnología Led, Laser, 4G o 5G están muy lejos de una navidad a la luz de las velas, el villancico y el mirar directamente a los ojos de sus seres queridos, de sus familiares, de sus amigos y, por qué no, de los desconocidos; es muy difícil pensar en una navidad lejos de la selfi y cerca de la espiritualidad, de la oración… muchos todavía cambiaríamos mil selfis por unos instantes de presencialidad.

La sociedad no ha cambiado para bien, la tolerancia prácticamente se ha perdido, los conceptos de urbanismo critican el sonido de las campanas, mucho más los villancicos en las torres de las iglesias, tristemente se ridiculiza a quien ve la Navidad con los ojos del alma, el individualismo y ego cobran espacios; ahora la navidad se oculta detrás de una humanidad que desaparece.

Quiero recordar a mi Hermana y quiero una sociedad en el Chicamocha Medio, como fue su vida, no solo con las puertas de su casa abiertas, sino con los brazos del alma también de par en par.

Mucho he repetido, hay que cambiar, “el hacer por hacer, por el saber hacer”.

Nota del Director: La familia Chicamocha News se une al dolor de Germán. No es fácil soportar el dolor por la pérdida de dos de nuestros seres queridos que parten uno detrás del otro. Pero, en fin, seguramente Thor quiso acompañar a Luz Marina por los senderos de la eternidad.

 

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