Seguir siguiendo al corazón
Y coquetear con la intuición
Seguir creciendo y esquivando las rutinas
Seguir soñando en un rincón
Seguir creyendo que hay un Dios
Que me endereza de un tirón la puntería…
Canción El Brindis de José Adolfo Verde
Paso la Navidad, los Santos Inocentes, el fin de año
2023, el año nuevo y hasta los Reyes magos; en más de 40 países y en diferentes
idiomas se escuchó una canción, compuesta por Crescencio Salcedo Monroy,
humilde vendedor de flautas, quien paso sus últimos días en las calles, tras un
discreto letrero que decía, “aquí no se pide limosna, se venden flautas a
$100”, no alcanzó a dimensionar el impacto de su canción, El Año Viejo;
en ocho frases rompió la tristeza y llenó de alegría los últimos 72 años.
Empezamos de nuevo y esto es lo que nos trae el año 2024;
para todos quienes así lo celebran, un año más en el calendario gregoriano, un
nuevo año bisiesto, por encima de los agüeros, en la cronología comercial es el
Dos mil veinticuatro, en el Cristianismo el 2024 después de Cristo; para no
redundar en la historia acudimos a la cronología indígena basada en la astronomía
que estudia los cuerpos celestes del universo; los indígenas lo denominarían la
“Fiesta del Huan”, que marcaba el nuevo ciclo solar; tradición conmemorada
en el Templo del Sol, en la ciudad de Sogamoso (Boyacá), que en chibcha
significa, “Morada del Sol”.
En ocasiones hay que tomar aire, tomar aliento, para muchos
uno o dos tragos antes de iniciar una nueva cruzada; eso es lo que se hace al
iniciar un año nuevo, independientemente del lugar, la cultura, la tradición,
los sentimientos, los sueños y las ilusiones… no se puede olvidar el año viejo,
sin importar si dejó una chiva, una burra, una yegua y hasta una buena suegra;
lo importante es no olvidar el aprendizaje que deja el pasado.
A la par con el año nuevo, en esta ocasión inician nuevos
modelos de gobierno, desde lo local hasta lo regional… después de tantas
batallas, incendios y hasta fracasos, se siembra sobre los aciertos y sobre
todo sobre el aprendizaje; inician una nueva construcción que, aparte de sanar
heridas, logre cruzar hacia el progreso a los diferentes municipios de la
región del Chicamocha Medio.
Para lograr la conciliación socioeconómica regional se
requiere la participación y la integración, ya en escritos anteriores se ha recalcado
la importancia de participar; de convocar a la construcción de planes de
desarrollo, más allá de lo individual, dónde se propicie una integración de
grandes dimensiones.
Esta vez escribiendo desde el otro lado del río, se logra apreciar la necesidad y la voluntad de una integración regional; me lleva a soñar y tal vez entender los primeros pasos que da, sin necesidad de caer en elogio, el actual Gobernador de Boyacá, quien en su posesión contó con la presencia de los Gobernadores de Santander, Norte de Santander y Arauca, al igual que asistió a sus respectivas posesiones incluyendo la del actual Gobernador de Casanare.
Arauca, Boyacá, Casanare, Norte de Santander y Santander,
un territorio con 149.350 kilómetros cuadrados.
El Hilo de Plata en Noche de Luna Llena se
convierte en un factor que une el territorio, no que lo separa, y en torno a él,
desde sus majestuosas profundidades, confluyen las aguas de todos los afluentes
de una gran región que se expande prácticamente desde el centro de Colombia hacía
la frontera oriente con Venezuela; Arauca, Boyacá, Casanare, Norte de Santander
y Santander; en un territorio con 149.350 kilómetros cuadrados, 276 municipios,
5.442.649 habitantes, 25 Representantes en la Cámara, más numerosos Senadores
de arraigo regional; ¿por qué no soñar con una región tan fuerte que pueda
llegar a cambiar por sí misma el destino de sus habitantes?
Es hora de pensar en el territorio que forjó la libertad
de nuestro país, el territorio que siguió los lineamientos del General Francisco
José de Paula Santander Omaña, que permitió que Arauca y Casanare combatieran
hombro a hombro con los boyacenses, que desde Santander construyó las barreras que
impidieron el apoyo de los ejércitos realistas mientras en Boyacá se escribía
con sangre la libertad… cómo no soñar como los dos Generales, que, pese a sus
distanciamientos políticos, el León del Norte y el Tigre de Enciso, (General José
Pacífico Solón Wilches Calderón ,General José Gregorio Rafael Reyes Prieto
respectivamente), consideraran que esta región tenía derecho a ser grande, la idea de los actuales Gobernadores no solo debe
recaer en los protocolos, es necesario que con el apoyo de todos se construya
de una vez un plan para el desarrollo regional de este 10% de la población
colombiana, siempre marginada del gobierno central.
La región puede pensarse dentro del esquema de los
Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero aún mucho más allá, la satisfacción y
el logro de las metas propuestas, esta vez desde el interior, basados en las
propias capacidades de nuestros activos esenciales, es decir, aquellos
recursos, infraestructuras y sistemas imprescindibles para mantener y
desarrollar las capacidades básicas de sostenimiento humano; podemos describir
la infraestructura urbana, la capacidad e infraestructura en salud pública, los
bienes esenciales como el recurso agua en todas sus dimensiones, la
sostenibilidad energética y la producción de excedentes, para interconexión
nacional e internacional, la dimensión ambiental relacionada con la manutención
de la capacidad de sustento de los ecosistemas, la capacidad de la naturaleza
para absorber y recomponerse de las agresiones antrópicas para un territorio de
capacidades agroecológicas excepcionales.
El cómo hacerlo es diverso, pero debe hacerse desde lo
regional; proyectar los corredores viales, robustecer y ampliar la
infraestructura pública de salud, el fortalecimiento de la agroindustria y la
industria, desde parámetros de innovación, investigación y modelamiento
tecnológico, la consolidación del tejido social y económico desde la educación
y la cultura, implantación de modelos de recreación, deporte y turismo no
transitorios, dejando atrás el lema de cierto mandatario célebre por su frase; “unas
camisetas, un balón, algunas canastas de cerveza y listo”…
La región termina sus festividades, los roces políticos y
las rencillas quedan en el pasado, es hora de construir el futuro, no vale la
pena seguir como el vendedor de flautas, en la pobreza, esperando nuevas
elecciones detrás de un letrero que diga “aquí no se pide limosna, se venden
votos a $100”.
A propósito de Crescencio Salcedo Monroy, sus
composiciones son más conocidas que su propio compositor; El año viejo, Mi
cafetal, Navidad negra, Prende la vela, La pollera colorá, Se va el caimán, La múcura…
Mucho
he repetido, hay que cambiar, “el hacer por hacer, por el saber hacer”.
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