Escucha Su Voz
“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen.” (Juan 10:27)
Vivimos en una época donde el ruido parece dominarlo todo. Las redes sociales, las noticias, las preocupaciones económicas, las responsabilidades familiares y las múltiples opiniones de quienes nos rodean compiten constantemente por nuestra atención. Sin embargo, en medio de ese bullicio, la voz de Dios continúa siendo clara para quienes han decidido pertenecerle.
Jesús no dijo: "Mis ovejas podrían escuchar mi voz" o "quizás algún día la escuchen". Él declaró una verdad poderosa: "Mis ovejas escuchan mi voz." Esto significa que escuchar a Dios no es un privilegio reservado para unos pocos creyentes con una espiritualidad extraordinaria; es una característica natural de quienes tienen una relación viva con Cristo.
Cuando entregaste tu vida a Jesús como Señor y Salvador, respondiste a un llamado que Él mismo hizo a tu corazón. Nadie puede venir a Cristo si el Padre no lo atrae. Ese primer paso de fe ya demuestra que Dios ha estado hablándote desde el principio.
Dios sigue hablando hoy
Uno de los argumentos que con frecuencia presenta la apologética cristiana es que Dios no es una fuerza impersonal ni un ser distante. Él es un Padre que desea relacionarse con Sus hijos. Desde Génesis hasta Apocalipsis vemos a un Dios que habla, guía, corrige, consuela, instruye y revela Su voluntad.
Hoy Dios continúa hablando principalmente a través de:
- Su Palabra, la Biblia.
- La dirección del Espíritu Santo.
- La paz o la inquietud que coloca en nuestro corazón.
- Las circunstancias que Él permite.
- El consejo sabio de creyentes maduros.
La mayoría de las veces no escucharemos una voz audible. Más bien, el Espíritu Santo ilumina nuestro corazón, produce convicción, trae claridad y confirma aquello que está en armonía con las Escrituras.
Es hermoso notar que la palabra "corazón" representa ese lugar profundo donde Dios se comunica con nosotros. Allí existe un "oído espiritual" que el Señor mismo desarrollará conforme caminemos con Él.
Aprender a reconocer Su voz
Escuchar la voz de Dios es parecido a reconocer la voz de un ser querido entre muchas personas. Cuanto más tiempo pasamos con alguien, más familiar nos resulta su manera de hablar.
Lo mismo ocurre con nuestro Padre celestial.
No aprendemos a reconocer Su voz de un día para otro. Es el fruto de una relación constante.
Cada momento de oración...
Cada lectura de la Biblia...
Cada acto de obediencia...
Cada experiencia vivida junto al Señor...
va afinando nuestro oído espiritual.
La madurez cristiana no consiste únicamente en saber más versículos, sino en desarrollar una sensibilidad que nos permita distinguir cuándo Dios nos está guiando y cuándo simplemente estamos escuchando nuestros propios deseos.
Escuchar a Dios transforma el hogar
Muchos conflictos familiares no comienzan por falta de amor, sino por actuar impulsivamente.
Cuando aprendemos a escuchar primero la voz del Señor antes de responder una discusión, corregir a un hijo o tomar una decisión importante, evitamos heridas innecesarias.
Quizá Dios te invite hoy a pedir perdón antes de tener la razón.
Tal vez te esté diciendo que abraces más a tu familia, que escuches más y critiques menos, que ores con tu esposo o esposa antes de intentar resolver todo con tus propias fuerzas.
Su voz siempre conduce hacia la reconciliación, la paciencia y el amor.
Escuchar a Dios en las finanzas
En un mundo que impulsa el consumo impulsivo y el endeudamiento constante, Dios también desea dirigir nuestras decisiones económicas.
Escuchar Su voz puede significar esperar antes de realizar una compra importante.
Puede ser la convicción de ahorrar con sabiduría.
O quizá la dirección para ser generosos cuando aparentemente los recursos parecen insuficientes.
Dios nunca administra desde la escasez sino desde la sabiduría.
Quien aprende a escuchar Su dirección evita muchas cargas financieras provocadas por decisiones apresuradas.
Escuchar a Dios en el trabajo
No todos los ascensos representan la voluntad de Dios.
No toda oportunidad es una puerta abierta por Él.
En ocasiones, Dios nos guía a permanecer donde estamos para formar nuestro carácter antes de llevarnos al siguiente nivel.
Otras veces nos impulsa a salir de nuestra zona de comodidad para cumplir un propósito mayor.
Escuchar Su voz también significa trabajar con excelencia aunque nadie nos esté observando, actuar con integridad cuando otros deciden hacer trampa y mantener una actitud de servicio incluso en ambientes difíciles.
La voz de Dios nunca nos conducirá por caminos que contradigan Sus principios.
Escuchar a Dios en nuestras amistades
Las personas que elegimos para caminar a nuestro lado influyen profundamente en nuestra vida espiritual.
Dios puede hablarnos advirtiéndonos sobre relaciones que nos alejan de Él o animándonos a fortalecer amistades que edifican nuestra fe.
También puede impulsarnos a convertirnos nosotros mismos en esa clase de amigo que anima, escucha, perdona y refleja el carácter de Cristo.
Escuchar Su voz nos ayuda a construir relaciones saludables basadas en el amor, la verdad y el respeto.
La obediencia abre el camino
Escuchar a Dios siempre tiene un propósito: obedecer.
No basta con reconocer Su dirección si continuamos haciendo nuestra propia voluntad.
Cada acto de obediencia fortalece nuestra capacidad para escuchar con mayor claridad la siguiente vez.
La voz del Buen Pastor nunca busca controlar nuestra vida; busca protegernos, guiarnos y conducirnos hacia la plenitud que Él preparó para nosotros.
Reflexión final
Quizá hoy llevas días pidiendo una respuesta del cielo.
Tal vez piensas que Dios guarda silencio.
Sin embargo, muchas veces el problema no es que Dios haya dejado de hablar, sino que el ruido de nuestras preocupaciones ha ocupado el lugar donde antes reinaba el silencio de la oración.
Haz una pausa.
Abre las Escrituras.
Ora con sinceridad.
Permite que el Espíritu Santo aquiete tu corazón.
Recuerda que Jesús hizo una promesa que sigue vigente: Sus ovejas escuchan Su voz.
Si perteneces a Cristo, puedes confiar en que Él continuará guiando tus pasos. Su dirección nunca llega tarde, nunca se equivoca y siempre conduce hacia el propósito perfecto que preparó para tu vida.
No temas el futuro cuando caminas siguiendo la voz del Buen Pastor.
Porque quien aprende a escuchar a Dios, jamás caminará verdaderamente solo.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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