Él cierra puertas
"Felipe, por ejemplo, se dirigió a la ciudad de Samaria y allí le contó a la gente acerca del Mesías." (Hechos 8:5).
Hay una verdad que cuesta aceptar: no todas las puertas cerradas son obra del enemigo; muchas de ellas son la mano amorosa de Dios redirigiendo nuestro destino.
Cuando pensamos en Felipe, solemos recordar los milagros extraordinarios que ocurrieron en Samaria. Sin embargo, pocas veces reflexionamos sobre cómo llegó hasta allí. No fue por comodidad, ni porque hubiera diseñado un plan estratégico de crecimiento ministerial. Llegó porque una persecución lo obligó a salir de Jerusalén.
Desde una perspectiva humana, aquello parecía una derrota. Desde la perspectiva de Dios, era el comienzo de una expansión.
Esta es una de las grandes enseñanzas de las Escrituras: Dios no solamente abre puertas; también cierra aquellas que impedirían que lleguemos al propósito que Él ha preparado para nosotros.
Cuando Dios cierra una puerta
Nuestra naturaleza suele interpretar una puerta cerrada como un fracaso.
- Si perdemos un empleo, pensamos que todo terminó.
- Si una relación llega a su fin, creemos que nunca volveremos a ser felices.
- Si un proyecto no prospera, sentimos que Dios nos abandonó.
- Si un ministerio cambia o termina, pensamos que hemos perdido nuestro llamado.
Pero la apologética cristiana nos recuerda que Dios gobierna la historia con absoluta soberanía. Él nunca pierde el control de los acontecimientos. Lo que para nosotros parece un obstáculo, para Él puede ser el camino hacia un propósito mayor.
La persecución contra la iglesia primitiva no sorprendió a Dios. Él ya sabía que el Evangelio debía llegar a Samaria, Judea y hasta lo último de la tierra. Lo que parecía una tragedia fue utilizado como un instrumento para cumplir Su plan.
Así obra Dios también con nosotros.
Dios utiliza la incomodidad para producir crecimiento
Las zonas de confort son peligrosas porque nos hacen creer que ya hemos llegado.
Felipe pudo haberse aferrado a Jerusalén diciendo:
"Aquí comenzó todo. Aquí están mis amigos. Aquí está mi ministerio. Aquí me siento seguro."
Sin embargo, Dios tenía una ciudad esperando escuchar el mensaje de Cristo.
Muchas veces nuestras mayores bendiciones se encuentran al otro lado de una puerta que nunca habríamos decidido cruzar por voluntad propia.
La incomodidad no siempre significa que Dios nos abandonó.
A veces significa que Él está preparando nuestro siguiente nivel.
Reflexión para la vida diaria
En el hogar
Quizá las dinámicas familiares han cambiado.
Los hijos crecieron.
Los padres envejecieron.
Las responsabilidades aumentaron.
En lugar de resistirte al cambio, pregúntale al Señor:
"¿Qué quieres enseñarme en esta nueva temporada?"
Cada etapa trae nuevas oportunidades para amar, servir y madurar.
En las finanzas
Tal vez perdiste un negocio o un empleo que considerabas seguro.
Eso duele.
Pero también puede ser la manera en que Dios está cerrando una puerta para llevarte hacia una oportunidad que jamás habrías buscado mientras permanecías cómodo.
Muchos testimonios de empresarios cristianos comenzaron con un despido inesperado.
Lo que parecía una pérdida terminó siendo el nacimiento de un propósito mayor.
En el trabajo
Quizá el ambiente laboral se volvió difícil.
Tal vez surgieron conflictos, cambios de liderazgo o circunstancias que nunca esperabas.
Antes de luchar únicamente por mantener la misma posición, ora con humildad:
"Señor, si esta puerta la estás cerrando Tú, dame la sabiduría para reconocerlo."
No toda resistencia significa que debamos permanecer.
En ocasiones, Dios está preparando el terreno para una misión diferente.
En las amistades
No todas las personas caminarán contigo durante toda la vida.
Hay amistades que cumplen un propósito en determinada etapa.
Cuando algunas relaciones terminan, no siempre es consecuencia de un fracaso.
En ocasiones, Dios está protegiendo tu corazón o rodeándote de personas que impulsarán tu crecimiento espiritual.
Aprende a bendecir a quienes se fueron y agradece a Dios por quienes llegarán.
Una mirada apologética
Algunas personas preguntan:
"Si Dios es bueno, ¿por qué permite la persecución, el sufrimiento o las pérdidas?"
La Biblia no enseña que Dios disfrute nuestro dolor.
Lo que enseña es algo mucho más profundo:
Dios es tan soberano que incluso puede convertir aquello que otros planearon para destruirnos en una herramienta para cumplir Sus propósitos eternos.
Lo mismo ocurrió con José en Egipto.
Lo mismo ocurrió con la cruz de Cristo.
Y lo mismo ocurrió con Felipe.
Lo que parecía un ataque terminó siendo una plataforma para que miles conocieran a Jesús.
Ese es el Dios de la Biblia.
Reflexión final
Quizá hoy estás frente a una puerta cerrada.
Has orado.
Has insistido.
Has esperado.
Y nada cambia.
Antes de frustrarte, pregúntate:
¿Será que Dios no me está rechazando, sino redirigiendo?
No te aferres tanto a una temporada que termines perdiendo la siguiente.
Dios conoce lugares que tú todavía no has visto.
Conoce personas que aún no has conocido.
Conoce bendiciones que todavía no imaginas.
Cuando Él cierra una puerta, nunca deja de dirigir tus pasos.
Así como Felipe descubrió en Samaria el ministerio más fructífero de su vida, también tú puedes descubrir que detrás de la puerta que Dios cerró existe un propósito mucho mayor del que habías planeado.
Confía en Su dirección.
Porque el mismo Dios que sabe cuándo abrir una puerta, también sabe cuándo es tiempo de cerrarla.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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