Representantes de Cristo
"Y saben que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder. Después Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él."
— Hechos 10:38
La vida de Jesús fue la demostración perfecta del corazón del Padre. Cada paso que dio, cada palabra que habló y cada milagro que realizó reveló que Dios no es indiferente al sufrimiento humano. Jesús fue ungido con el Espíritu Santo y con poder para cumplir una misión: anunciar las buenas nuevas, restaurar a los quebrantados, liberar a los oprimidos y manifestar el Reino de Dios en medio de un mundo necesitado.
Pero esta misión no terminó cuando Jesús ascendió al cielo. Él la entregó a su Iglesia.
La Escritura nos enseña que quienes hemos recibido a Cristo somos embajadores de su Reino (2 Corintios 5:20). Un embajador no habla en su propio nombre; representa la autoridad, el carácter y los intereses de quien lo envió. Del mismo modo, cada creyente representa a Cristo dondequiera que esté.
Ser representante de Cristo no significa únicamente asistir a una iglesia o conocer la Biblia. Significa permitir que la presencia de Jesús transforme nuestra manera de vivir para que otros puedan experimentar su amor a través de nosotros.
La unción tiene un propósito
En Hechos 10:38 encontramos dos verdades inseparables:
- Jesús fue ungido por Dios.
- Jesús usó esa unción para hacer el bien.
La unción nunca fue dada para exaltar a una persona, sino para servir a los demás. El poder de Dios siempre tiene un propósito redentor.
Muchas veces las personas buscan más conocimiento, más reconocimiento o más influencia, pero Dios busca hijos dispuestos a convertirse en canales de su gracia.
La pregunta no es solamente cuánto sabes acerca de Dios, sino cuánto del amor de Dios fluye hacia otras personas por medio de tu vida.
Representar a Cristo en la vida cotidiana
Ser embajadores del Reino comienza mucho antes de predicar un sermón. Comienza en las decisiones más sencillas de cada día.
En el hogar
Quizá el mayor milagro que tu familia necesita hoy no sea económico sino espiritual.
Representar a Cristo puede significar:
- pedir perdón cuando has cometido un error;
- responder con paciencia en lugar de enojo;
- orar con tus hijos;
- bendecir a tu cónyuge con palabras de ánimo.
Muchas familias cambian cuando una sola persona decide reflejar el carácter de Jesús.
En el trabajo
En un ambiente donde abundan la competencia, la crítica y la deshonestidad, un creyente puede convertirse en una luz.
Representar a Cristo significa trabajar con excelencia aunque nadie esté observando, cumplir la palabra dada, tratar con respeto a compañeros y clientes, y negarse a participar en prácticas injustas.
Muchas veces el primer sermón que escucharán tus compañeros será tu conducta.
En las finanzas
Ser representante de Cristo también alcanza nuestra manera de administrar los recursos.
La integridad financiera honra a Dios.
Pagar las deudas con responsabilidad, evitar el engaño, ser generosos con quienes atraviesan necesidad y confiar en Dios aun en tiempos difíciles demuestra que nuestra seguridad no depende del dinero, sino del Señor que provee.
En las amistades
Vivimos en una sociedad donde muchas personas sonríen por fuera mientras llevan profundas heridas por dentro.
Un mensaje oportuno, una llamada, una oración o simplemente escuchar con amor pueden convertirse en instrumentos que Dios utilice para traer esperanza.
No subestimes el impacto de una conversación guiada por el Espíritu Santo.
Somos las manos y los pies de Jesús
Muchas personas oran pidiendo que Dios haga algo por alguien cercano.
Y muchas veces Dios responde enviando precisamente a quien hizo la oración.
Tú puedes ser esa respuesta.
Quizá no tengas todas las respuestas, pero puedes llevar la presencia de Aquel que sí las tiene.
Quizá no puedas cambiar todas las circunstancias de alguien, pero puedes orar con fe.
Quizá no puedas sanar por tus propias fuerzas, pero el Dios que ungió a Jesús sigue obrando por medio de aquellos que creen en Él.
El mismo Espíritu Santo que capacitó a Jesús habita en quienes pertenecen a Cristo. No actuamos por nuestra propia capacidad, sino por el poder de Dios que obra en nosotros.
Una reflexión para hoy
El mundo necesita menos espectadores del evangelio y más representantes de Cristo.
Cada conversación puede convertirse en una oportunidad para sembrar esperanza.
Cada acto de bondad puede abrir una puerta para que alguien conozca el amor de Dios.
Cada oración hecha con fe puede convertirse en el inicio de un milagro.
No esperes una plataforma para servir a Dios.
Tu casa, tu oficina, tu negocio, tu universidad, tu vecindario y tus relaciones son el campo misionero donde Dios te ha colocado.
Hoy puedes decidir reflejar el carácter de Jesús y permitir que otros descubran, a través de tu vida, que Cristo continúa haciendo el bien y transformando corazones.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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