VIVIR PARA DAR
“Hay más bendición en dar que en recibir.”
— Hechos 20:35
Querido amigo de La Promesa Diaria y estudiante o seguidor del Seminario Nueva Humanidad:
Vivimos en una sociedad que constantemente nos dice: “Consigue más. Compra más. Acumula más. Piensa primero en ti. Cuando tengas lo que deseas, entonces serás feliz.”
Pero Jesús nos presenta una verdad completamente diferente:
“Hay más bendición en dar que en recibir.”
Esto no significa que recibir sea malo, ni que debamos ignorar nuestras propias necesidades. Significa que existe una dimensión de la felicidad que solamente descubrimos cuando dejamos de vivir exclusivamente para nosotros mismos.
La felicidad no se encuentra solamente en recibir
Muchas personas pasan años persiguiendo algo que creen que finalmente les dará satisfacción: más dinero, una mejor casa, un automóvil nuevo, reconocimiento, éxito profesional o aceptación social.
Pero después de alcanzar aquello que buscaban, descubren que necesitan algo más.
¿Por qué?
Porque el corazón humano no fue diseñado únicamente para acumular; fue diseñado para amar, servir, compartir y bendecir.
Jesús no solamente enseñó esta verdad; la vivió.
Él entregó su tiempo, su energía, sus recursos, su compasión y finalmente su propia vida por los demás.
Por eso, cuando Cristo nos invita a vivir para dar, no está pidiéndonos algo que Él mismo no haya hecho. Nos está invitando a seguir su ejemplo.
La vida cambia cuando dejamos de preguntar: “¿Qué puedo obtener?” y comenzamos a preguntar: “¿A quién puedo bendecir hoy?”
Dar no siempre significa dinero
Este es un punto fundamental.
A veces pensamos que para ser generosos necesitamos tener mucho dinero. Pero la generosidad bíblica es mucho más amplia.
Puedes dar tiempo.
Puedes dar escucha.
Puedes dar perdón.
Puedes dar conocimiento.
Puedes dar ánimo.
Puedes dar una oportunidad.
Puedes dar una comida.
Puedes dar una palabra de esperanza.
Puedes dar una oración.
Puedes dar tu trabajo y tus capacidades para ayudar a alguien que atraviesa una dificultad.
Pablo recordó a los creyentes que él mismo había trabajado y se había esforzado para ayudar a quienes estaban necesitados.
Esto nos enseña que la generosidad no siempre consiste en tener abundancia. Muchas veces consiste en poner lo que tenemos al servicio de alguien que lo necesita.
En tu hogar: vive para dar amor
Tal vez estás buscando una manera de transformar tu familia.
Empieza dando.
Da atención a tus hijos.
Escucha a tu cónyuge sin mirar constantemente el teléfono.
Llama a tus padres.
Ayuda en las tareas de la casa sin esperar que te lo pidan.
Reconoce el esfuerzo de alguien de tu familia.
Pide perdón cuando hayas fallado.
Una familia no se fortalece solamente cuando todos reciben lo que quieren. Se fortalece cuando cada integrante aprende a preguntarse:
“¿Qué puedo hacer hoy para que mi familia esté mejor?”
Una palabra amable puede cambiar el ambiente de una casa.
Un abrazo puede sanar un día difícil.
Una conversación puede evitar una distancia de años.
A veces el milagro que alguien necesita en tu hogar comienza con algo tan sencillo como tu disposición para dar amor.
En tus finanzas: convierte tus recursos en una herramienta de bendición
La Biblia no enseña que el dinero sea malo. Lo peligroso es permitir que el dinero se convierta en nuestro amo.
Tus recursos pueden utilizarse para construir una vida centrada exclusivamente en ti, o pueden convertirse en instrumentos para bendecir a otros.
Quizás no puedes ayudar económicamente a todo el mundo, pero sí puedes comenzar con algo pequeño.
Comprar alimentos para una persona que está pasando necesidad.
Ayudar discretamente a alguien con un gasto urgente.
Compartir parte de lo que tienes.
Apoyar una obra que realmente está ayudando a otros.
Y algo muy importante: dar con sabiduría.
La generosidad cristiana no significa actuar irresponsablemente con nuestras obligaciones. Podemos administrar bien nuestros recursos, cumplir nuestros compromisos y, al mismo tiempo, desarrollar un corazón generoso.
Proverbios 11:25 declara:
“El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.”
La generosidad rompe la esclavitud de pensar que “todo lo que tengo es solamente para mí”.
En tu trabajo: que tu profesión también sea una forma de servir
Tal vez piensas que solamente puedes servir a Dios dentro de una iglesia.
No es así.
Puedes vivir para dar en tu lugar de trabajo.
Da excelencia.
Comparte tus conocimientos.
Ayuda a un compañero que está comenzando.
No escondas información solamente para parecer indispensable.
Reconoce el trabajo de otros.
Sé una persona confiable.
Cumple tu palabra.
Cuando tengas autoridad, no abuses de ella.
Cuando tengas una oportunidad de ayudar, hazlo.
Tu profesión puede convertirse en un espacio donde otros experimenten honestidad, respeto, excelencia y servicio.
Tu trabajo también puede ser una plataforma para demostrar el carácter de Cristo.
Con tus amistades: sé una persona que levanta, no que destruye
Todos conocemos personas que aparecen solamente cuando necesitan algo.
Pero Jesús nos llama a construir relaciones diferentes.
Sé ese amigo que pregunta:
“¿Cómo estás realmente?”
Sé quien escucha cuando otros solamente quieren hablar.
Celebra los éxitos de tus amigos sin sentir envidia.
Ora por ellos.
Corrige con amor cuando sea necesario.
Acompaña al que atraviesa una crisis.
Y cuando alguien caiga, no seas la primera persona en señalarlo; sé una de las personas que le ayudan a levantarse.
Gálatas 6:2 nos recuerda:
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros.”
Eso también es vivir para dar.
¿Y qué ocurre cuando no tengo mucho para dar?
Aquí aparece una de las mentiras que debemos rechazar.
El enemigo puede decirte:
“Cuando tengas más dinero, ayudarás.”
“Cuando tengas más tiempo, servirás.”
“Cuando tengas una vida perfecta, podrás ser ejemplo.”
“Cuando soluciones tus propios problemas, entonces podrás ayudar a otros.”
Pero Dios puede utilizarte hoy.
No necesitas ser perfecto para ser generoso.
No necesitas tener millones para bendecir.
No necesitas tener todas las respuestas para escuchar.
No necesitas tener una vida sin problemas para ofrecer esperanza.
Quizás tienes solamente cinco minutos.
Dalos.
Quizás tienes una palabra de ánimo.
Compártela.
Quizás tienes una habilidad.
Ponla al servicio de alguien.
Quizás tienes una comida que puedes compartir.
Compártela.
Quizás tienes experiencia y alguien necesita aprender.
Enséñale.
No subestimes lo que Dios puede hacer con aquello que tú consideras pequeño.
Sembrar vida produce una cosecha
La Biblia utiliza repetidamente el principio de la siembra y la cosecha.
Cuando siembras generosidad, estás construyendo una cultura de generosidad alrededor de ti.
Cuando siembras amor, multiplicas amor.
Cuando siembras esperanza, puedes convertirte en parte de la respuesta que alguien estaba esperando.
Cuando ayudas a alguien a levantarse, esa persona puede algún día ayudar a otros.
La cosecha no siempre llega de la manera que esperamos.
Y aquí debemos ser cuidadosos: Jesús no está prometiendo un mecanismo para enriquecernos cada vez que damos.
La recompensa de la generosidad no es una fórmula matemática del tipo “doy $10 y Dios me devuelve $100”.
Eso reduciría el evangelio a una transacción.
La verdadera generosidad nace del amor, no de la manipulación.
Damos porque hemos recibido gracia.
Damos porque Cristo nos enseñó a amar.
Damos porque entendemos que nuestras posesiones, capacidades y oportunidades son también responsabilidades.
Y muchas veces Dios permite que la cosecha aparezca en forma de relaciones restauradas, paz interior, propósito, gratitud, oportunidades para servir y vidas transformadas.
Una decisión para hoy
Hoy quiero invitarte a hacer algo sencillo.
Antes de terminar el día, pregúntate:
¿A quién puedo bendecir hoy?
No mañana.
No cuando tenga más.
No cuando todo esté resuelto.
Hoy.
Busca una persona.
Haz algo concreto.
Envía un mensaje de ánimo.
Llama a alguien que está solo.
Ayuda a alguien en necesidad.
Comparte tus conocimientos.
Perdona.
Escucha.
Sirve.
Da.
Y después observa.
No solamente lo que Dios hará alrededor de ti, sino también lo que comenzará a hacer dentro de ti.
Porque cuando dejamos de vivir encerrados en nosotros mismos, descubrimos una libertad extraordinaria.
Vivir para dar es vivir con propósito
Querido amigo:
Quizás has estado esperando que algo llegue a tu vida para comenzar a sentirte feliz.
Tal vez necesitas cambiar la pregunta.
En lugar de:
“¿Qué me falta?”
pregunta:
“¿Qué tengo que puedo entregar?”
En lugar de:
“¿Quién me ayudará?”
pregunta:
“¿A quién puedo ayudar?”
En lugar de:
“¿Cuándo recibiré?”
pregunta:
“¿Qué puedo dar hoy?”
Porque Jesús dijo:
“Hay más bendición en dar que en recibir.”
No esperes tener una vida perfecta para comenzar a bendecir.
Empieza con lo que tienes, desde donde estás y con la persona que Dios ha colocado delante de ti.
Tal vez tu palabra sea la respuesta que alguien necesitaba.
Tal vez tu ayuda sea el alivio que alguien estaba esperando.
Tal vez tu generosidad sea la demostración visible del amor de Dios que otra persona necesitaba experimentar.
Decide hoy vivir para dar.
Y permite que tu vida se convierta en una fuente de bendición para otros.
Reflexión final
¿Qué puedes dar hoy que no te cueste dinero?
¿A quién puedes ayudar con tu tiempo?
¿Qué recurso tienes que podría convertirse en una bendición para alguien más?
¿Qué persona necesita escuchar de ti una palabra de esperanza?
No necesitas esperar una gran oportunidad.
Las pequeñas oportunidades de cada día también pueden convertirse en grandes expresiones del amor de Dios.
Oración
Señor, hoy quiero dejar de vivir únicamente pensando en lo que puedo recibir.
Enséñame a vivir para dar.
Dame ojos para reconocer las necesidades de quienes están a mi alrededor.
Dame un corazón generoso, manos dispuestas para servir y sabiduría para administrar correctamente todo lo que has puesto en mis manos.
Ayúdame a ser una bendición en mi hogar, en mi trabajo, en mis finanzas y con mis amistades.
Que mis palabras levanten al que está caído, que mis recursos ayuden al necesitado y que mis acciones reflejen el amor de Jesucristo.
No quiero esperar a tener más para comenzar a dar.
Hoy decido entregar lo que tengo, servir con lo que sé y amar con todo mi corazón.
Haz de mi vida un instrumento de bendición.
En el nombre de Jesús. Amén.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
El Periódico Web
Periódico Chicamocha News
Internet Para Educar

.gif)
/hotmart/product_pictures/86e2c33c-95f1-419c-b12b-20166a4ba344/GEWEBLogo.png)



