El Amor es Incondicional
Sección de Estilo de Vida y Sociedad • Artículo de Opinión
¿Por qué amas a tu cónyuge? Si la respuesta se sustenta únicamente en virtudes pasajeras o estados de ánimo, los cimientos de la relación se vuelven sumamente frágiles ante el paso de los años.
Si alguien nos formulara de imprevisto la pregunta de por qué amamos a nuestra pareja, lo más probable es que nuestra mente acuda de inmediato a una lista de virtudes tangibles. Los hombres suelen destacar la belleza física de sus esposas, su sentido del humor, su bondad, su fortaleza interna o su talento para el hogar y la crianza. Por su parte, las mujeres suelen elogiar el atractivo físico, la personalidad firme, el carácter estable o la generosidad y disposición de servicio de sus compañeros.
Sin embargo, surge un cuestionamiento inevitable y confrontador: ¿Qué sucedería si, con el correr de los años, el cónyuge dejara de manifestar todas estas cualidades? Si las razones por las cuales amamos se reducen estrictamente a atributos externos o conductas, la lógica nos indica que el fundamento mismo de nuestro amor se esfumaría al compás del desgaste humano.
Más allá del afecto efímero
La realidad profunda es que al amor verdadero no lo define la persona amada, sino la decisión firme de quien decide amar. En la tradición clásica, el idioma griego distinguía con precisión matices del afecto que hoy solemos mezclar bajo una misma palabra. Por un lado se encuentra el fileos (el afecto de la amistad) y el eros (la atracción romántica y sexual). Si bien ambos ocupan un lugar fundamental en la convivencia y forman parte esencial del hogar que se edifica en pareja, construir un matrimonio cuya estabilidad dependa exclusivamente de intereses comunes o de una vida sexual activa equivale a levantar una casa sobre la arena.
El fileos y el eros son por naturaleza receptivos y fluctuantes; responden a estímulos y cambian al ritmo de los sentimientos. En contraposición, el amor auténtico —conocido en la antigüedad como amor ágape— es desinteresado, inquebrantable e incondicional. A menos que esta clase de compromiso constituya el cimiento profundo de la relación, las tormentas del tiempo y la adversidad terminarán por socavarla.
“El amor ágape es un amor que se manifiesta en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la adversidad, en los buenos y en los malos momentos. Es la única clase de amor verdadero.”
Una elección que transforma el matrimonio
Este estándar elevado no surge de nuestra limitada capacidad humana; es, en esencia, un reflejo del amor incondicional que sostiene el orden de las cosas. Como reza aquella máxima clásica: “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). No somos amados por merecimiento, sino por gracia y elección.
Cuando un hombre o una mujer afirma hastiado que “ya no está enamorado”, en el fondo está admitiendo que jamás conoció el amor en su dimensión incondicional. Su afecto era meramente circunstancial. No obstante, la buena noticia para cualquier hogar en crisis es que un matrimonio iniciado sobre bases frágiles puede ser redimido y restaurado. Cuando el compromiso inquebrantable toma el timón, la amistad y el romance adquieren un brillo renovado, generando una intimidad profunda que ninguna otra circunstancia puede otorgar.
EL DESAFÍO DE HOY: HAZ ALGO FUERA DE LO COMÚN
Prueba tanto a ti como a tu cónyuge que tu amor tiene su fundamento en tu decisión y en nada más:
Lava su automóvil o encárgate de una tarea pendiente.
Sorpréndele ordenando la cocina o comprando su postre favorito.
Demuestra afecto genuino por la pura satisfacción de ser su compañero de vida.
Permitir que este compromiso profundo guíe nuestros pasos transforma radicalmente el vínculo cotidiano. Llegará el día en que, al mirar a los ojos a la persona que elegimos, la frase cambiará de sentido: ya no diremos “Te amo porque...”, sino que pronunciaremos con absoluta convicción: “Te amo y punto”.




