Dar a conocer su alabanza
“Cantad al Señor porque ha hecho cosas maravillosas. Da a conocer su alabanza en todo el mundo.”
(Isaías 12:5)
Hay verdades que no solo se creen, sino que se proclaman. Isaías nos invita a algo más que a una gratitud silenciosa: nos llama a cantar, a dar a conocer, a hacer pública la alabanza por las maravillas que Dios ha hecho. La alabanza no es solo un acto íntimo del corazón; es un testimonio vivo que tiene voz, eco y alcance.
La alabanza nace del recuerdo
Cuando el pueblo de Dios canta en Isaías 12, lo hace después de haber sido consolado, restaurado y salvado. La alabanza auténtica siempre nace de la memoria agradecida. Recordar lo que Dios ha hecho aviva el corazón y fortalece la fe.
A lo largo de las Escrituras vemos este patrón:
-
Salmo 103:2: “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios”.
-
Salmo 40:3: “Puso luego en mi boca cántico nuevo… verán esto muchos, y temerán, y confiarán en el Señor”.
Cuando recuerdas cómo Dios te sostuvo, te abrió puertas, te guardó en medio del peligro o te dio paz en la tormenta, tu alabanza se convierte en un mensaje que otros necesitan escuchar.
Alabar es más que cantar
La Biblia enseña que Dios habita en medio de la alabanza de su pueblo (Salmo 22:3). Esto nos revela una verdad profunda: la alabanza crea un ambiente donde Dios se manifiesta. No es solo música; es una actitud constante del corazón que reconoce a Dios en todo.
Pablo lo expresa así:
-
Efesios 5:19: “Hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”.
La alabanza es una fragancia espiritual que asciende a los cielos, pero también es una semilla que cae en la tierra del corazón de quienes nos rodean.
Ejemplos aplicables a la vida diaria
En el hogar:
Cuando una familia decide agradecer a Dios incluso en medio de dificultades económicas o emocionales, la alabanza cambia el ambiente. Una oración de gratitud en la mesa, una palabra de reconocimiento a Dios delante de los hijos, enseña que la fe no depende de las circunstancias, sino de la fidelidad de Dios.
En el trabajo:
Dar a conocer la alabanza no siempre significa predicar con palabras, sino con una actitud diferente: trabajar con excelencia, mantener la paz en medio del estrés y reconocer que los logros vienen de Dios. Un simple “le doy gracias a Dios por esta oportunidad” puede abrir conversaciones que toquen corazones.
En las amistades:
Compartir un testimonio de cómo Dios te ayudó en un momento difícil puede animar a alguien que hoy está perdiendo la esperanza. Nunca sabes quién necesita escuchar que Dios sigue obrando maravillas.
Tu alabanza tiene impacto
Cuando das a conocer la alabanza de Dios, no solo lo honras; también lo presentas al mundo. Tu historia se convierte en un puente para que otros descubran su bondad, su fidelidad y su amor.
Alabar es invitar a Dios a reinar, no solo en tu vida, sino en cada espacio donde tu voz y tu testimonio llegan. Cada palabra de gratitud, cada canto sincero, cada acto de reconocimiento, levanta un trono donde Dios se complace en habitar.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
El Periódico Web
Periódico Chicamocha News
Internet Para Educar
.gif)
/hotmart/product_pictures/86e2c33c-95f1-419c-b12b-20166a4ba344/GEWEBLogo.png)



