El Amor Infinito de Dios: La Verdad que Sana, Restaura y Nunca Falla

El Amor Infinito de Dios

“Te he amado con amor eterno; por eso te sigo mostrando mi fiel amor”
(Jeremías 31:3)

Querido/a amigo/a de La Promesa Diaria:

Antes de que dieras tu primer paso, antes de que pronunciaras tu primer suspiro, Dios ya te amaba. No fue un amor improvisado ni condicionado por tus aciertos; fue —y sigue siendo— un amor eterno, nacido en el corazón de Dios mismo. Jeremías nos recuerda una verdad que sana y restaura: el amor de Dios no comienza cuando hacemos lo correcto, comienza porque Él es amor.

A diferencia del amor humano, que muchas veces depende del estado de ánimo, de las circunstancias o del comportamiento del otro, el amor de Dios es constante, inagotable y fiel. No se debilita cuando fallamos ni se fortalece cuando acertamos; simplemente permanece.

Un amor que atrae y transforma

Dios dice: “Con amor inagotable os he atraído hacia mí”. El amor de Dios no obliga, atrae. No empuja con culpa, llama con gracia. Ese llamado suave es el que sentimos cuando, aun en medio del cansancio, del miedo o de la duda, algo dentro de nosotros anhela volver a Él.

Ese anhelo no es casualidad. Dios nos creó con un vacío que ninguna persona, logro o posesión puede llenar. Solo Su amor perfecto puede traer verdadera paz, porque —como nos recuerda la Escritura— el amor perfecto echa fuera todo temor (1 Juan 4:18).

El amor que nunca falla

En 1 Corintios 13 encontramos una descripción gloriosa del amor que refleja el carácter de Dios: paciente, bondadoso, sin rencor, que todo lo soporta y nunca deja de ser. Todo amor humano, por sincero que sea, puede fallar en algún momento. Pero el amor de Dios nunca falla, nunca se agota y nunca se rinde contigo.

Este amor no solo está para ser recibido, sino también para ser modelado en nuestra manera de vivir.

Aplicaciones para la vida diaria

En el hogar:
Cuando comprendes que Dios te ama de manera incondicional, aprendes a amar con más paciencia. En lugar de reaccionar con dureza, eliges escuchar. En vez de guardar resentimiento, buscas restaurar. El amor de Dios te enseña que las relaciones se cuidan, no se desechan.

En el trabajo:
Saber que eres amado por Dios te libera de vivir buscando aprobación constante. Trabajas con excelencia, no para ganar valor, sino porque ya lo tienes. Esto te permite tratar a tus compañeros con respeto, aun en ambientes difíciles, reflejando un amor que no compite, sino que edifica.

En tus amistades:
El amor infinito de Dios te capacita para amar sin manipular ni exigir. Aprendes a acompañar, a perdonar y a permanecer, incluso cuando el otro atraviesa temporadas complicadas. Así, tus relaciones se vuelven más genuinas y profundas.

Una verdad para abrazar hoy

No hay nada que puedas hacer para que Dios te ame más…
y tampoco hay nada que puedas hacer para que te ame menos.

Cuando esta verdad se instala en el corazón, nace una confianza nueva, una paz firme y una manera distinta de vivir. Ese es el poder transformador del Amor Infinito de Dios.

Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]


El Periódico Web
Periódico Chicamocha News
Internet Para Educar


    ¡Únete a esta travesía de autoexploración y motivación! 
    Despierta tu poder interior y descubre la maravilla de vivir cada día con propósito y pasión. 🚀

👁️‍🗨️Red de Negocios y Profesionales👆🏼 

ChicamochaNews.net - Multilenguaje