Vivir con una conciencia limpia
“Pablo, mirando fijamente al Concilio, dijo: Hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy.” — Hechos 23:1
Hay una carga que muchas personas llevan en silencio. Nadie la ve, pero pesa. Puede estar presente mientras trabajan, cuando llegan a casa, cuando intentan dormir o incluso cuando sonríen delante de los demás.
Es la carga de una conciencia intranquila.
Pablo se encontraba frente al Sanedrín, siendo juzgado y cuestionado por su fe. Sin embargo, pudo mirar de frente a quienes lo acusaban y declarar que había vivido delante de Dios con una conciencia limpia.
Esto no significa que Pablo creyera ser perfecto. Él mismo reconoció sus errores y su pasado como perseguidor de la iglesia. Lo que había cambiado era la dirección de su vida: había recibido el perdón de Cristo y ahora procuraba vivir de acuerdo con la verdad que había recibido.
Una conciencia limpia no significa una vida perfecta
Aquí encontramos una verdad fundamental.
Tener una conciencia limpia no significa nunca haber fallado; significa no esconder deliberadamente aquello que sabemos que debemos entregar a Dios.
La Biblia dice:
“Si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.”
— 1 Juan 3:20
Hay una diferencia entre convicción y condenación.
La convicción de Dios nos muestra algo para que podamos corregirlo.
La condenación nos hace creer que somos irremediablemente malos y que ya no existe esperanza para nosotros.
El Espíritu Santo puede decirnos: “Esto debe cambiar.”
Pero Dios no nos dice: “No tienes remedio.”
Por eso, cuando nuestra conciencia nos confronta, no debemos huir de Dios. Debemos correr hacia Él.
¿Qué haces cuando tu conciencia te habla?
Quizás hoy existe algo en tu vida que llevas tiempo justificando.
Una mentira que parece pequeña.
Una deuda que estás ignorando.
Una relación que sabes que no te conviene.
Una actitud de resentimiento.
Una palabra que dijiste y todavía no has corregido.
Una práctica en tu trabajo que sabes que no es correcta.
Una decisión financiera que tomaste impulsivamente.
Una conversación que deberías tener con alguien.
O simplemente algo bueno que sabes que deberías hacer y continuamente estás postergando.
La conciencia puede convertirse en una alarma espiritual.
No ignores la alarma solamente porque resulta incómoda.
Cuando una alarma suena en una casa, tenemos dos opciones: apagarla o investigar qué está ocurriendo.
Lo mismo sucede espiritualmente.
Podemos silenciar nuestra conciencia una y otra vez, o podemos detenernos y preguntarle a Dios:
“Señor, ¿qué quieres mostrarme?”
En el hogar: la conciencia limpia comienza con la honestidad
Una persona puede parecer muy espiritual delante de otros y, sin embargo, vivir una realidad completamente diferente dentro de su casa.
Vivir con conciencia limpia implica aprender a pedir perdón.
Si has tratado mal a tu esposo, esposa, hijos o padres, no permitas que el orgullo construya una pared.
A veces una de las frases más espirituales que podemos pronunciar es:
“Perdóname. Me equivoqué.”
No necesitas ganar todas las discusiones.
Necesitas preservar aquello que tiene verdadero valor.
Tus hijos quizá olviden muchas cosas que les compraste, pero difícilmente olvidarán la manera como los trataste.
En las finanzas: integridad cuando nadie está mirando
La conciencia también habla cuando manejamos dinero.
¿Estoy siendo honesto?
¿Estoy cumpliendo mis compromisos?
¿Estoy adquiriendo cosas que realmente no puedo pagar?
¿Estoy ocultando información financiera importante a mi familia?
¿Estoy aprovechándome de alguien porque tengo la oportunidad?
Proverbios 10:9 enseña:
“El que camina en integridad anda confiado.”
La integridad tiene un beneficio extraordinario: puedes dormir tranquilo.
Quizá la deshonestidad produzca una ganancia rápida, pero una conciencia limpia produce algo que el dinero no puede comprar:
paz.
En el trabajo: hacer lo correcto aunque nadie te supervise
Es fácil ser íntegro cuando alguien está observándonos.
El verdadero carácter aparece cuando nadie está mirando.
¿Trabajas con excelencia aunque tu jefe no esté?
¿Cumples tu palabra?
¿Reconoces el trabajo de otros?
¿Evitas hablar mal de tus compañeros?
¿Manipulas información para obtener ventaja?
¿Te atribuyes méritos que pertenecen a otra persona?
Colosenses 3:23 nos recuerda:
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor.”
El creyente no trabaja solamente para un jefe terrenal.
Trabaja delante de Dios.
Y cuando sabes que Dios está mirando, la excelencia deja de depender de quién esté supervisándote.
En las amistades: una conciencia limpia no guarda resentimiento
Hay personas que llevan años cargando conversaciones que nunca tuvieron.
“Él me hizo esto.”
“Ella me traicionó.”
“Yo nunca le voy a perdonar.”
Pero mientras pensamos que estamos castigando a otra persona, muchas veces somos nosotros quienes seguimos cargando el peso.
Perdonar no significa decir que lo sucedido estuvo bien.
Significa entregar a Dios el derecho de juzgar y decidir que no vivirás esclavizado por el resentimiento.
Romanos 12:18 dice:
“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos.”
Observa algo importante: “en cuanto dependa de vosotros.”
No puedes controlar la respuesta de la otra persona.
Pero sí puedes controlar tu obediencia.
Puedes pedir perdón.
Puedes decir la verdad.
Puedes establecer límites saludables.
Puedes dejar de alimentar el conflicto.
Puedes entregar el asunto a Dios.
Arrepentirse significa cambiar de dirección
El arrepentimiento bíblico no consiste simplemente en sentir remordimiento.
Es cambiar de dirección.
Si sabes que estás caminando hacia el lugar equivocado, no necesitas caminar más rápido.
Necesitas dar la vuelta.
Quizá has intentado cambiar muchas veces y has terminado regresando al mismo lugar.
No te rindas.
Romanos 8:26 nos recuerda que el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad.
No tienes que vencer todas tus luchas dependiendo únicamente de tu fuerza de voluntad.
Puedes decir:
“Padre, no puedo hacerlo solo. Necesito tu ayuda.”
Y comenzar nuevamente.
Dios puede darte un nuevo comienzo
Tal vez estás leyendo esto y piensas:
“Mi pasado me acusa.”
“Yo hice cosas que todavía me avergüenzan.”
“Si las personas supieran quién fui, no me aceptarían.”
Pero escucha esto:
Tu peor capítulo no tiene que ser el último capítulo de tu historia.
El evangelio no enseña que Dios salva personas perfectas.
Enseña que Cristo transforma pecadores arrepentidos.
Por eso 1 Juan 1:9 declara:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
Dios no te invita a esconderte.
Te invita a acercarte.
No necesitas maquillar tu pasado delante de Él.
Él ya lo conoce.
No necesitas fingir fortaleza.
Él conoce tu debilidad.
No necesitas justificarte.
Puedes arrepentirte.
Y cuando recibes el perdón de Cristo, puedes comenzar a caminar nuevamente.
Una pregunta para hoy
Si Dios examinara hoy tu corazón, ¿qué área de tu vida necesita ser puesta en orden?
No respondas pensando en otra persona.
No pienses primero en tu esposo, tu esposa, tu jefe, tu amigo o tu vecino.
Piensa en ti.
Pregúntale al Señor:
“¿Hay algo que estoy haciendo y sé que debo abandonar?”
“¿Hay algo que debería hacer y estoy evitando?”
“¿Hay alguien a quien necesito pedirle perdón?”
“¿Hay una decisión que necesito corregir?”
“¿Hay una herida que necesito entregar a Dios?”
Quizá el Espíritu Santo ya te está mostrando la respuesta.
No endurezcas tu corazón.
Obedece.
Porque cada vez que respondemos a la verdad, nuestra conciencia se vuelve más sensible a Dios.
Y cada vez que deliberadamente ignoramos la verdad, corremos el peligro de acostumbrarnos a vivir contra aquello que sabemos que es correcto.
Reflexión final
Vivir con una conciencia limpia no significa vivir sin problemas.
Significa poder enfrentar los problemas sabiendo:
“Estoy procurando caminar delante de Dios con integridad.”
Quizá otros no comprendan tus decisiones.
Quizá ser honesto te cueste dinero.
Quizá pedir perdón hiera tu orgullo.
Quizá abandonar una relación te duela.
Quizá hacer lo correcto te haga perder una oportunidad.
Pero recuerda:
Hay cosas que puedes perder y después recuperar. La paz de una conciencia limpia vale demasiado para venderla por un beneficio temporal.
Hoy puedes comenzar de nuevo.
Confiesa.
Arrepiéntete.
Corrige.
Perdona.
Restituye cuando sea necesario.
Y continúa caminando con Dios.
Como Pablo, que puedas mirar hacia adelante y decir:
“He procurado vivir delante de Dios con una conciencia limpia.”
Oración
Padre, hoy me presento delante de Ti sin esconder nada.
Examíname y muéstrame aquello que necesita cambiar en mi vida. Si he cometido errores, dame humildad para reconocerlos. Si he herido a alguien, dame valor para pedir perdón. Si debo corregir alguna decisión, dame sabiduría para hacerlo.
Limpia mi corazón de culpa, resentimiento, engaño y condenación.
Ayúdame a vivir con integridad en mi hogar, en mis finanzas, en mi trabajo y en mis relaciones.
Cuando mi conciencia me confronte, no quiero huir de Ti. Quiero acercarme a Ti.
Dame la fuerza de tu Espíritu para cambiar de dirección cuando sea necesario.
Hoy entrego mi pasado en tus manos y decido caminar hacia adelante.
Quiero vivir de tal manera que, cuando esté delante de Ti, pueda decir con humildad:
“Señor, he procurado vivir delante de Ti con una conciencia limpia.”
En el nombre de Jesús.
Amén.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
El Periódico Web
Periódico Chicamocha News
Internet Para Educar

.gif)
/hotmart/product_pictures/86e2c33c-95f1-419c-b12b-20166a4ba344/GEWEBLogo.png)



