LA PELEA ESTÁ ARREGLADA
“Lucharán contra ti, pero fracasarán. Porque yo estoy contigo, y cuidaré de ti. ¡Yo, el Señor, he hablado!” (Jeremías 1:19)
1. CONTEXTO BÍBLICO
Cuando Dios llamó a Jeremías, no le pintó un panorama cómodo. No le prometió reconocimiento, comodidad ni aceptación. Al contrario, le informó que enfrentaría resistencia, rechazo y oposición.
Sin embargo, en medio de esa advertencia vino una promesa superior:
“Yo estoy contigo y te cuidaré.”
Aquí encontramos una verdad poderosa:
Dios no elimina la batalla… pero asegura el resultado.
La victoria no es ausencia de lucha, es presencia de Dios en medio de ella.
2. BATALLAS QUE NO SE PUEDEN EVITAR
Todo llamado con propósito atrae oposición. Si Jeremías no hubiera sido relevante, nadie se hubiese levantado contra él.
La oposición no es señal de derrota, sino evidencia de destino.
Jesús mismo lo afirmó:
“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)
Pablo también lo recuerda:
“Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31)
3. REFLEXIÓN
Hermano, hermana:
Quizá en este momento no estás peleando contra un ejército ni contra un imperio, pero sí contra:
✔ un informe médico
✔ la presión financiera
✔ una traición o rechazo
✔ un ambiente tóxico en el trabajo
✔ un hogar que parece quebrarse
✔ pensamientos que no te dan paz
La palabra de Dios para ti hoy es:
No te asustes por la batalla —la pelea ya está arreglada a tu favor.
Si Dios determinó tu victoria, ningún enemigo tiene derecho legal a cambiar el resultado.
4. APLICACIÓN A LA VIDA DIARIA
Para que esta promesa no quede en lo abstracto, llévala a escenarios concretos:
En el hogar:
Cuando la tensión se levante, el diálogo se rompa o la paz se amenace, recuerda:
No es tu fuerza la que sostendrá la casa, sino la fidelidad de Dios.
En el trabajo:
Cuando surjan competencias injustas, rumores o decisiones que no favorecen, haz tu parte con excelencia y deja que Dios pelee las batallas que no puedes pelear.
Con tus amistades / relaciones:
La gente puede levantarse, pero no puede derribarte si Dios te sostiene. Las palabras negativas no definen tu destino.
En tu interior:
A veces la guerra más fuerte no es externa sino mental. En esos momentos declara:
“La pelea está arreglada. Dios ya escribió mi resultado.”
5. CONCLUSIÓN
Jeremías no venció porque era fuerte, sino porque era acompañado.
Dios no le prometió ausencia de guerra, sino garantía de victoria.
Hoy esa misma voz te dice:
“Lucharán contra ti, pero fracasarán… porque Yo estoy contigo.”
Quien camina con Dios no pelea para ganar, pelea desde la victoria.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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