Formado Por Su Mano
Isaías 64:8 – El Alfarero y el Barro
“Y sin embargo, oh Señor, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos barro, y tú eres el alfarero. Todos somos formados por tu mano.” (Isaías 64:8)
Isaías nos entrega una imagen poderosa: Dios como el Alfarero, y nosotros como el barro que reposa en sus manos. Esta metáfora no es pasiva, es profunda. Habla de un proceso. El barro no es una vasija por sí mismo; se convierte en vasija cuando se deja moldear, cuando cede a la forma, al giro del torno, a la presión y al cuidado del Maestro.
Una obra que no se improvisa
El alfarero no improvisa. Él ve el producto terminado antes de que exista, y por eso ejerce presión donde parece innecesaria, corrige lo que se ve bien a simple vista y vuelve a empezar cuando algo se quiebra o se seca.
Así también Dios: Él trabaja en áreas que nosotros damos por buenas, porque ve algo más grande que aún no vemos.
Cuando la presión no es destrucción sino formación
En nuestras vidas la presión llega de muchas formas:
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un cambio inesperado,
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una pérdida,
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una temporada de incertidumbre,
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una puerta que se cerró,
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un proyecto que parecía no avanzar.
La arcilla en el torno no protesta, no cuestiona y no dirige el proceso; simplemente se deja tratar. El barro no se forma por voluntad propia; necesita la mano del Alfarero y la humedad del agua.
La presión de Dios no lastima, refina. La corrección no destruye, alinea. El quiebre no es fracaso, es reinicio.
El Agua que Ablanda el Corazón
Un barro demasiado seco se quiebra. Por eso el alfarero agrega agua.
A veces Dios agrega:
✔ nuevas palabras,
✔ nuevas enseñanzas,
✔ nuevas experiencias,
✔ nuevos encuentros,
✔ nuevas herramientas.
No para humillarte, sino para ablandarte. Lo que en la arcilla es agua, en tu vida es Palabra, dirección y sabiduría.
Aplicaciones prácticas — Esto se vive así
En el hogar:
Cuando Dios trabaja en tu carácter, puede usar a tu familia para enseñarte paciencia, humildad, comunicación y perdón. La presión familiar no siempre es una amenaza, a veces es la herramienta del Alfarero.
En el trabajo:
Un supervisor exigente, un proyecto difícil o un retraso inesperado pueden ser el torno donde Dios está formando disciplina, excelencia y resiliencia. Lo que parece estrés, Dios puede transformarlo en promoción.
En las amistades:
A veces Dios remueve personas, a veces agrega nuevas. Un malentendido puede enseñarte lealtad, límites saludables o amor maduro. El barro sólo es hermoso cuando está terminado, no mientras está en el proceso.
Reflexión final
Querido/a amigo/a, no interpretes el proceso como abandono. Si Dios dejara de trabajar en ti, entonces deberías preocuparte. Pero el hecho de que aún sientas presión significa que no eres una obra olvidada, sino una obra en progreso.
Lo que hoy te incomoda, mañana te posicionará.
Lo que hoy no entiendes, un día lo agradecerás.
Lo que hoy te cuesta, un día será tu testimonio.
Recuerda: el Alfarero nunca suelta una vasija que aún está formando.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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