Elige seguir al Espíritu
“Realmente no me entiendo a mí mismo, porque quiero hacer lo que es correcto pero no lo hago. En cambio, hago lo que odio.” — Romanos 7:15
Querido seguidor de La Promesa Diaria y del Seminario Nueva Humanidad, ¿alguna vez has sentido que dentro de ti existe una lucha? Sabes lo que debes hacer, quieres agradar a Dios, deseas tomar buenas decisiones… pero, en determinados momentos, terminas haciendo aquello que sabes que no te conviene.
Si te ha sucedido, no pienses que eres el único. El apóstol Pablo describió una lucha muy humana: conocer lo bueno y, aun así, experimentar una fuerte inclinación hacia lo contrario.
Pero aquí está la buena noticia: Dios no te ha llamado a vivir permanentemente dominado por tus impulsos. Te ha dado su Espíritu para que puedas vivir una vida diferente.
La batalla comienza en nuestro interior
Romanos 7 muestra el conflicto que experimenta una persona que reconoce la voluntad de Dios, pero descubre que dentro de ella todavía existen deseos, pensamientos e inclinaciones que luchan contra esa voluntad.
Por eso Pablo continúa diciendo:
“He descubierto en mi vida este principio: que cuando quiero hacer lo que es correcto, no puedo evitar hacer lo que está mal.” (Romanos 7:21).
La Biblia no presenta esta lucha para condenarnos, sino para mostrarnos nuestra necesidad de depender de Dios.
Nuestra solución no es simplemente decir: “Tengo que esforzarme más.”
La solución es aprender a andar en el Espíritu.
Pablo declara:
“Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo guíe sus vidas. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa.” (Gálatas 5:16).
La vida cristiana no consiste únicamente en saber qué está bien. Consiste en permitir que el Espíritu Santo transforme nuestra manera de pensar, decidir y actuar.
No todo pensamiento merece convertirse en una decisión
Aquí hay una verdad fundamental: tener una tentación no significa haber pecado, y sentir un impulso no significa que tengas que obedecerlo.
Puedes sentir enojo y elegir responder con mansedumbre.
Puedes sentir miedo y elegir confiar.
Puedes sentir deseos de abandonar algo bueno y decidir perseverar.
Puedes sentir la tentación de responder una ofensa con otra ofensa y elegir guardar silencio.
Puedes sentir la presión de gastar impulsivamente y decidir administrar sabiamente.
Tus emociones son reales, pero no tienen que convertirse en tus gobernantes.
La Palabra de Dios nos invita a renovar nuestra mente:
“Dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar.” (Romanos 12:2).
Por eso, no todo lo que pasa por tu mente debe convertirse en una acción.
Fortalece tu comunión con Dios
Piensa en una persona que quiere vivir una vida espiritual fuerte, pero pasa poco tiempo en oración, casi nunca medita en las Escrituras y alimenta constantemente su mente con contenidos que debilitan su fe.
Después se pregunta: “¿Por qué me cuesta tanto resistir la tentación?”
La respuesta puede estar precisamente en aquello que está alimentando diariamente.
Jesús dijo:
“Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes.” (Juan 15:4).
La fortaleza espiritual no aparece accidentalmente.
Se desarrolla cuando buscamos a Dios.
Cuando oras, estás fortaleciendo tu relación con Él.
Cuando estudias la Palabra, estás renovando tu mente.
Cuando adoras, estás colocando nuevamente a Dios en el centro.
Cuando obedeces, aunque sea difícil, estás entrenando tu voluntad para caminar conforme a su propósito.
Lo que alimentas termina influyendo en las decisiones que tomas.
Elige seguir al Espíritu en tu hogar
Tal vez tu mayor desafío espiritual no ocurre en una iglesia, sino dentro de tu propia casa.
Quizás alguien te habla mal.
Quizás existe una diferencia con tu esposo, esposa, hijos o algún familiar.
Tu primera reacción puede ser contestar con dureza.
Pero puedes detenerte y preguntarte:
“¿Qué respuesta honra a Dios en este momento?”
Proverbios 15:1 dice:
“Una respuesta suave desvía la ira, pero una respuesta áspera enciende los ánimos.”
Seguir al Espíritu puede significar bajar el tono de tu voz.
Puede significar pedir perdón.
Puede significar escuchar antes de responder.
Puede significar dejar de intentar ganar una discusión para comenzar a construir una relación.
Elige seguir al Espíritu en tus finanzas
También podemos honrar a Dios con nuestras decisiones económicas.
Tal vez tienes deseos de comprar algo que realmente no necesitas.
Tal vez estás bajo presión financiera y sientes ansiedad.
Tal vez alguien te propone una manera deshonesta de obtener dinero.
En esos momentos también puedes elegir.
La tentación puede decir:
“Hazlo. Nadie se dará cuenta.”
Pero la sabiduría de Dios responde:
“Haz lo correcto, aunque nadie esté mirando.”
Proverbios 10:9 enseña:
“Las personas que viven con integridad caminan seguras.”
Seguir al Espíritu también significa ser íntegro cuando se trata de dinero, negocios, deudas, compromisos y responsabilidades.
Elige seguir al Espíritu en tu trabajo
En el trabajo puede aparecer otra batalla.
Quizás alguien recibe reconocimiento por algo que tú hiciste.
Quizás un compañero te provoca.
Quizás tienes un jefe difícil.
Quizás estás cansado y quieres hacer las cosas de cualquier manera.
La carne puede decir:
“Devuélvele el golpe.”
“Haz solamente lo mínimo.”
“Engáñalos; ellos también lo hacen.”
Pero el Espíritu te recuerda que tu conducta debe reflejar a Cristo.
Colosenses 3:23 dice:
“Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor.”
Tu integridad laboral también es parte de tu adoración.
Elige seguir al Espíritu con tus amistades
Tus amistades también pueden influir profundamente en tus decisiones.
Hay personas que fortalecen tu fe, te animan a crecer y te ayudan a mantenerte firme.
Pero también existen relaciones que constantemente te empujan hacia decisiones que sabes que no agradan a Dios.
Por eso Proverbios 13:20 afirma:
“Camina con sabios y te harás sabio; júntate con necios y te meterás en dificultades.”
Amar a las personas no significa permitir que cualquier influencia gobierne tu vida.
Puedes amar a alguien y establecer límites.
Puedes ser amable sin participar en aquello que destruye tus valores.
Puedes decir “no” sin sentirte culpable.
A veces una de las decisiones más espirituales que puedes tomar es escoger cuidadosamente quién tiene acceso a tu corazón, tus pensamientos y tus decisiones.
No luches solo
Quizás después de leer esto piensas:
“Pero yo ya he intentado cambiar.”
Entonces recuerda algo importante: el evangelio no consiste en que tú transformes tu vida únicamente con tus propias fuerzas.
Después de describir su lucha, Pablo pregunta:
“¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor.” (Romanos 7:25).
Y posteriormente declara:
“Ahora, pues, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús.” (Romanos 8:1).
¡Qué esperanza!
Tu lucha no tiene que convertirse en tu identidad.
Tu fracaso no tiene la última palabra.
Tu tentación no determina tu destino.
Tu pasado no tiene autoridad para escribir tu futuro.
Cristo puede darte una nueva dirección.
Hoy tienes una elección
Cada día existen pequeñas decisiones que determinan el rumbo de nuestra vida.
Cuando estás enojado, puedes elegir perdonar.
Cuando estás tentado, puedes elegir apartarte.
Cuando tienes miedo, puedes elegir confiar.
Cuando quieres rendirte, puedes elegir perseverar.
Cuando nadie está mirando, puedes elegir integridad.
Cuando tu mente se llena de pensamientos negativos, puedes elegir llevarlos delante de Dios.
Cuando tu voluntad dice “no puedo”, puedes recordar que Dios te llama a caminar en dependencia de su Espíritu.
Gálatas 5:25 dice:
“Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida.”
No se trata de negar que existe una batalla.
Se trata de decidir quién tendrá el control.
Reflexión para hoy
Pregúntate sinceramente:
¿Qué área de mi vida estoy intentando controlar con mis propias fuerzas?
¿Mis pensamientos?
¿Mi carácter?
¿Mis finanzas?
¿Mi matrimonio o familia?
¿Mi trabajo?
¿Mis amistades?
¿Alguna tentación recurrente?
No escondas esa área de Dios.
Entrégasela.
Y cada vez que aparezca la batalla, recuerda:
No tienes que obedecer todo lo que sientes.
Puedes detenerte.
Puedes orar.
Puedes consultar la Palabra.
Puedes pedir ayuda.
Puedes tomar una decisión diferente.
Puedes elegir seguir al Espíritu.
Porque la victoria cristiana no significa que nunca enfrentarás una lucha; significa que ya no tienes que enfrentarla solo ni vivir sometido a ella.
Hoy, antes de reaccionar, pregúntate:
“¿Qué haría el Espíritu de Dios en mí en este momento?”
Y después, da el siguiente paso correcto.
Uno.
Y luego otro.
Y otro.
Hasta que tu manera de pensar, hablar y vivir comience a reflejar cada vez más a Cristo.
Oración
Señor, hoy reconozco que muchas veces existe una batalla dentro de mí. Quiero hacer lo correcto, pero algunas veces mis pensamientos, emociones y deseos intentan llevarme por otro camino.
No quiero vivir dominado por mis impulsos. Quiero ser guiado por tu Espíritu. Renueva mi mente, fortalece mi voluntad y ayúdame a reconocer aquello que no viene de ti.
Dame sabiduría para mis decisiones, dominio propio en mis tentaciones, paciencia en mi hogar, integridad en mis finanzas, excelencia en mi trabajo y discernimiento en mis amistades.
Hoy elijo seguir al Espíritu. Elijo obedecer tu Palabra. Elijo confiar en Cristo. Y aunque tenga que luchar, no voy a rendirme, porque sé que tu gracia es mayor que mi debilidad y que en Cristo puedo caminar en victoria.
Amén.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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