Santificado
“Pero ahora quedaron libres del poder del pecado y se han hecho esclavos de Dios. Ahora hacen las cosas que llevan a la santidad y que dan como resultado la vida eterna.” — Romanos 6:22
Querido amigo de La Promesa Diaria y del Seminario Nueva Humanidad, hay una verdad que puede cambiar profundamente la manera en que ves tu vida: Dios no solamente quiere perdonarte; también quiere transformarte.
Cuando entregas tu vida a Jesucristo, comienza una nueva historia. Ya no estás destinado a vivir bajo el dominio de aquello que antes te esclavizaba. Has sido llamado a pertenecer a Dios, a caminar en sus caminos y a permitir que su carácter sea formado en ti.
La Biblia llama a esto santificación.
¿Qué significa estar santificado?
Santificar significa, entre otras cosas, apartar para un propósito especial. En Cristo, Dios te aparta para Él. No significa que inmediatamente te conviertas en una persona perfecta, sino que comienzas un proceso de transformación en el que Dios cambia tu corazón, tus pensamientos, tus decisiones y tu manera de vivir.
Por eso Pablo dice:
“Ahora hacen las cosas que llevan a la santidad y que dan como resultado la vida eterna.”
Romanos 6:22
Observa algo importante: Pablo no está diciendo que nosotros compramos la salvación mediante buenas obras. La salvación es por gracia, mediante la fe (Efesios 2:8-9). Pero esa gracia que nos salva también comienza a producir una vida diferente.
La santidad no es el precio que pagamos para que Dios nos ame.
La santidad es una respuesta al amor que Dios ya nos ha demostrado.
Santidad no significa perfección instantánea
Aquí encontramos una verdad fundamental para nuestra fe.
Algunas personas piensan: “Cuando logre ser suficientemente bueno, Dios me aceptará”.
El evangelio enseña exactamente lo contrario.
Venimos a Cristo tal como somos, pero Cristo no nos deja tal como somos.
La justificación nos habla de nuestra nueva posición delante de Dios por medio de Cristo. La santificación describe el proceso mediante el cual nuestra vida comienza a reflejar esa nueva identidad.
Por eso Pedro escribió:
“Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes... sino sean santos en todo lo que hagan.”
1 Pedro 1:14-15
Ser santo no significa jamás cometer un error. Significa que ya no haces las paces con el pecado. Cuando caes, no decides permanecer en el suelo; vuelves a Dios, recibes su gracia, aprendes y continúas caminando.
“Sin santidad nadie verá al Señor”
Hebreos 12:14 nos presenta una afirmación seria:
“Busquen la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”
Esto no significa que podamos ganarnos el cielo por nuestro comportamiento.
Significa que una verdadera relación con Dios inevitablemente comienza a producir transformación.
Si Cristo realmente ocupa el centro de nuestra vida, tarde o temprano habrá cambios visibles.
Cambiará nuestra manera de hablar.
Cambiará nuestra manera de tratar a las personas.
Cambiará nuestra manera de administrar el dinero.
Cambiará nuestra manera de enfrentar las tentaciones.
Cambiará incluso aquello que estamos dispuestos a tolerar en secreto.
La pregunta no es solamente: “¿Digo que creo en Jesús?”
También debemos preguntarnos:
“¿Mi manera de vivir demuestra que Jesús está transformando mi vida?”
Santificado en tu hogar
La santidad comienza donde nadie nos está observando.
Es relativamente fácil mostrar una imagen espiritual delante de otras personas. El verdadero desafío aparece dentro de nuestra casa.
Santificación significa aprender a tratar con amor a nuestro cónyuge, escuchar a nuestros hijos, pedir perdón cuando nos equivocamos y controlar palabras que pueden destruir.
Quizás tu desafío espiritual de hoy no sea predicarle a una multitud.
Quizás sea hablar con paciencia con la persona que vive contigo.
Tal vez necesites apagar una discusión, pedir perdón, dejar el orgullo a un lado y decir:
“Perdóname. No actué como Cristo quiere que actúe.”
Eso también es santidad.
Santificado en tus finanzas
La santidad también alcanza nuestra billetera.
Podemos cantar, orar y leer la Biblia, pero nuestra relación con el dinero también revela qué gobierna nuestro corazón.
La Palabra nos enseña a trabajar honestamente, administrar con sabiduría, evitar la codicia y ser generosos.
Quizás santificar tus finanzas signifique dejar una práctica deshonesta.
Quizás significa pagar una deuda con responsabilidad.
Quizás significa dejar de comprar compulsivamente aquello que no necesitas.
Quizás significa aprender a compartir con alguien que atraviesa una necesidad.
Dios no quiere ser Señor solamente de tu domingo; quiere ser Señor también de tus decisiones financieras.
Santificado en el trabajo
Tu trabajo también puede convertirse en un lugar donde manifiestas a Cristo.
Colosenses 3:23 enseña:
“Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor.”
Eso significa trabajar con integridad aunque nadie esté mirando.
No falsificar información.
No apropiarte de lo que no te pertenece.
No participar en conversaciones destructivas.
No responder con venganza cuando alguien te trata injustamente.
No sacrificar tus principios para conseguir una ventaja.
Tu santidad puede convertirse en un testimonio silencioso.
Quizás alguien nunca lea una Biblia, pero observe cómo trabajas y piense:
“Hay algo diferente en esa persona.”
Santificado en tus amistades
Aquí debemos ser especialmente cuidadosos.
No estamos llamados a aislarnos del mundo. Jesús se relacionó con personas que necesitaban conocer la verdad y experimentar la gracia.
Pero una cosa es influir en tus amigos y otra muy diferente es permitir que tus amigos determinen quién eres.
Proverbios 13:20 dice:
“El que anda con sabios, sabio será; pero el compañero de los necios sufrirá daño.”
Pregúntate:
¿Las personas que están más cerca de mí me acercan a Dios o me alejan de Él?
Tal vez exista una amistad que constantemente te lleva hacia aquello de lo que Dios quiere liberarte.
Tal vez sea una persona que alimenta tu resentimiento.
Tal vez alguien que normaliza una conducta que sabes que está destruyendo tu vida.
Tal vez necesites establecer límites.
Y establecer límites no significa odiar a nadie.
A veces amar correctamente significa aprender a decir “no”.
Deja ir lo que te está frenando
Hebreos 12:1 nos invita a despojarnos de “todo peso y del pecado que nos asedia”.
Hay cosas que quizá no sean malas en sí mismas, pero se han convertido en un peso.
Y también existen cosas que sabemos que debemos abandonar.
Una vieja costumbre.
Una relación destructiva.
Una actitud de resentimiento.
Una mentira.
Una adicción.
Una doble vida.
Una manera de pensar que contradice lo que Dios dice de nosotros.
No puedes caminar hacia el propósito de Dios mientras abrazas deliberadamente aquello que te mantiene encadenado al pasado.
Hay puertas que necesitas cerrar para poder caminar hacia las puertas que Dios está abriendo.
Tu identidad ha cambiado
Romanos 6 no solamente habla de aquello que debemos abandonar. También habla de nuestra nueva identidad.
Ya no somos esclavos del pecado.
Ahora pertenecemos a Dios.
Esto es profundamente poderoso.
Tu pasado puede explicar algunas de tus heridas, pero tu pasado no tiene autoridad para definir tu futuro cuando Cristo ha transformado tu vida.
Quizás alguna vez fuiste conocido por tus errores.
Pero Dios puede hacerte conocido por su gracia.
Quizás caíste.
Pero puedes levantarte.
Quizás perdiste años.
Pero Dios todavía puede darle propósito a los años que tienes por delante.
Quizás otros te etiquetaron por tu pasado.
Pero Dios te llama por tu identidad en Cristo.
No eres solamente lo que hiciste. Eres una persona que puede ser transformada por lo que Cristo está haciendo en ti.
Una decisión para hoy
Ser santificado también implica tomar decisiones concretas.
Hoy puedes preguntarte:
¿Qué necesito apartar de mi vida?
¿Qué hábito está debilitando mi relación con Dios?
¿Qué conversación necesito dejar?
¿Qué amistad necesita límites?
¿Qué pensamiento necesito reemplazar?
¿Qué práctica financiera necesito corregir?
¿Qué actitud necesito entregar?
¿Qué pecado estoy justificando en lugar de confesar?
No pospongas indefinidamente una decisión que sabes que debes tomar.
Dios te ha apartado para Él porque te ama.
No quiere quitarte algo bueno para hacerte miserable. Quiere liberarte de aquello que está destruyendo tu propósito.
Jesús dijo:
“Si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.”
Juan 8:36
La verdadera libertad no consiste en hacer todo lo que queremos.
La verdadera libertad consiste en ya no ser esclavos de aquello que nos destruye.
Reflexión final
Querido amigo, tú no fuiste creado para vivir encadenado al pasado.
Fuiste creado para caminar con Dios.
Fuiste creado para vivir con propósito.
Fuiste llamado a ser luz en medio de la oscuridad.
Por eso, no tengas miedo de apartarte de aquello que te aleja de Dios.
No tengas miedo de comenzar de nuevo.
No tengas miedo de decir: “Esto ya no forma parte de mi nueva vida.”
Hay decisiones que pueden doler por un momento, pero pueden proteger tu futuro durante años.
Recuerda:
Eres apartado para Dios.
Eres llamado a la santidad.
Eres libre del dominio del pecado.
Eres transformado por la gracia.
Y cada día puedes avanzar un poco más hacia la persona que Dios quiere formar en ti.
No se trata de alcanzar la perfección en tus propias fuerzas.
Se trata de permitir que Cristo gobierne cada área de tu vida.
Hoy puedes comenzar.
Aparta lo que te destruye. Abraza lo que te acerca a Dios. Y camina hacia el propósito para el cual fuiste creado.
Oración
Señor Jesús, hoy reconozco que te necesito.
Gracias porque me has llamado para ti y porque tu gracia no solamente perdona mi pasado, sino que también transforma mi presente.
Ayúdame a apartarme de todo aquello que me aleja de tu voluntad. Dame valentía para abandonar hábitos destructivos, sabiduría para escoger mis amistades, integridad para trabajar, responsabilidad para administrar mis finanzas y amor para cuidar de mi familia.
Santifica mis pensamientos, mis palabras, mis decisiones y mis acciones.
Que mi vida refleje cada día más tu carácter.
Hoy decido dejar atrás aquello que me está frenando y caminar hacia el propósito que tienes para mí.
Soy tuyo, Señor. Apartado para ti. Y quiero vivir para tu gloria.
Amén.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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