Dios, el Fiel
“Es cierto, algunos de ellos fueron infieles; ¿pero acaso eso significa que, porque ellos fueron infieles, Dios también será infiel?” — Romanos 3:3
Querido amigo de La Promesa Diaria y del Seminario Nueva Humanidad, hay una verdad que necesitas recordar especialmente en esos días en los que las circunstancias parecen contradecir lo que Dios ha prometido: la infidelidad de las personas jamás puede cambiar la fidelidad de Dios.
Vivimos en un mundo donde las personas pueden fallarnos. Un amigo puede decepcionarnos, un familiar puede incumplir su palabra, un socio puede actuar deshonestamente, un compañero de trabajo puede hablar mal de nosotros e incluso alguien en quien confiábamos puede abandonar nuestra vida.
Pero Pablo plantea una pregunta poderosa en Romanos 3:3: si algunos fueron infieles, ¿eso convierte a Dios en alguien infiel? La respuesta implícita es un rotundo: ¡De ninguna manera!
La fidelidad de Dios no depende de la fidelidad humana.
Cuando otros dejan de creer, Dios permanece fiel
Tal vez alguien te dijo que tu sueño era imposible. Tal vez alguien se burló de tu fe, cuestionó tus capacidades o te recordó repetidamente tus errores del pasado.
No permitas que la incredulidad de otros se convierta en la medida de tu futuro.
La Biblia declara:
“Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.” — 2 Timoteo 2:13
Esto no significa que todo deseo personal sea automáticamente una promesa divina. La fe bíblica no consiste en llamar “promesa de Dios” a cualquier sueño que tengamos. La verdadera fe aprende a distinguir entre nuestros deseos y la voluntad revelada de Dios.
Por eso, cuando Dios coloca una dirección clara delante de nosotros conforme a su Palabra, podemos avanzar con confianza aunque otros no comprendan el camino.
No necesitas la aprobación de todos para obedecer a Dios.
No todos entenderán lo que Dios está haciendo en tu vida. No todos celebrarán tus avances. No todos tendrán la capacidad de ver lo que Dios ha depositado en ti.
Pero Dios sí lo ve.
Dios ve lo que todavía no puedes ver
Hay talentos que todavía no has desarrollado. Hay capacidades que permanecen escondidas porque el miedo las mantiene enterradas. Hay oportunidades que todavía no han aparecido.
Quizá hoy solamente ves una semilla, mientras Dios ya contempla el árbol.
Jesús habló de la semilla para enseñarnos que los grandes resultados pueden comenzar con algo aparentemente pequeño. No desprecies los comienzos pequeños.
Zacarías 4:10 nos recuerda:
“Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán.”
Tal vez estás comenzando nuevamente. Tal vez estás reconstruyendo tu hogar, organizando tus finanzas, buscando un nuevo empleo, emprendiendo un proyecto o intentando recuperar una amistad.
No confundas un comienzo pequeño con un futuro pequeño.
En tu hogar: permanece fiel aunque otros no respondan como esperas
La fidelidad de Dios también debe convertirse en un modelo para nuestra vida familiar.
Puede ocurrir que estés intentando mejorar la comunicación en tu hogar y alguien todavía responda con indiferencia. Quizá estás procurando pedir perdón, escuchar más, controlar tus palabras y demostrar amor, pero no ves resultados inmediatos.
No abandones el proceso simplemente porque la respuesta de los demás no sea instantánea.
Efesios 4:32 nos exhorta a ser “benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros”.
Ser fiel no significa permitir abusos ni aceptar injusticias. Significa hacer lo correcto delante de Dios, incluso cuando no recibimos inmediatamente la respuesta que esperábamos.
Haz tu parte con amor y deja los resultados en las manos de Dios.
En tus finanzas: la fidelidad también se demuestra con responsabilidad
Quizá estás esperando una provisión económica y todavía no aparece.
Pero confiar en Dios no significa abandonar la responsabilidad.
La fidelidad de Dios debe inspirarte a ser fiel también con lo que ya tienes.
Proverbios 21:5 enseña que los planes del diligente conducen a la abundancia, mientras que la precipitación lleva a la pobreza.
Esto significa que puedes orar por provisión y, al mismo tiempo:
- administrar mejor tus ingresos;
- evitar gastos impulsivos;
- cumplir responsablemente tus compromisos;
- ahorrar cuando sea posible;
- trabajar con diligencia;
- buscar nuevas oportunidades;
- ser generoso dentro de tus posibilidades.
La fe no reemplaza la responsabilidad; la fortalece.
No digas solamente: “Dios proveerá”. Pregunta también: “Señor, ¿cómo quieres que administre fielmente lo que ya pusiste en mis manos?”
En tu trabajo: que tu carácter hable más fuerte que tus críticos
Quizá tienes compañeros que no reconocen tu esfuerzo. Tal vez alguien recibió el reconocimiento que esperabas tú.
No permitas que la injusticia de otros transforme tu carácter.
Colosenses 3:23 dice:
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”
Trabaja con excelencia aunque nadie esté mirando.
Sé puntual aunque otros no lo sean. Sé honesto aunque otros tomen atajos. Cumple tu palabra aunque otros no cumplan la suya.
Porque tu verdadero referente no es la opinión de tus compañeros.
Tu trabajo también puede convertirse en una expresión de adoración.
Y cuando haces las cosas delante de Dios, no necesitas vivir esclavizado por la aprobación humana.
En tus amistades: no permitas que una decepción destruya tu capacidad de confiar
Una traición puede enseñarnos una lección equivocada.
Podemos comenzar pensando: “No se puede confiar en nadie”.
Pero una persona que te falló no representa a toda la humanidad, y mucho menos representa a Dios.
Proverbios 17:17 dice:
“En todo tiempo ama el amigo.”
Sé prudente, establece límites saludables y aprende de las experiencias, pero no permitas que una decepción convierta tu corazón en un lugar cerrado al amor.
La herida de ayer no tiene que gobernar tus relaciones de mañana.
Dios puede enseñarte a discernir mejor, escoger mejor tus amistades y, al mismo tiempo, conservar un corazón capaz de amar.
Cambia la voz que determina tu identidad
Uno de los mayores desafíos de la vida espiritual es aprender a reemplazar las voces derrotistas por la verdad de Dios.
Si constantemente dices:
“Yo no puedo.”
“Siempre me irá mal.”
“Ya es demasiado tarde.”
“Nunca voy a cambiar.”
“Nadie cree en mí.”
“Mi pasado determina mi futuro.”
terminarás construyendo límites alrededor de tu propia vida.
Pero la Escritura te invita a pensar de una manera diferente.
Romanos 12:2 habla de la transformación mediante la renovación de nuestra mente.
No se trata de repetir frases positivas sin fundamento. Se trata de permitir que la verdad de Dios corrija las mentiras que hemos aprendido a creer sobre nosotros mismos.
Tu identidad no debe depender de los aplausos de la gente ni de las críticas de tus detractores.
Tu valor no aumenta cuando te elogian ni desaparece cuando te rechazan.
Dios conoce tu historia completa. Él conoce tus debilidades, tus luchas, tus errores, tus capacidades y también aquello que todavía está por desarrollarse en tu vida.
Una reflexión para hoy
Pregúntate sinceramente:
¿Estoy permitiendo que la incredulidad de otras personas determine el nivel de mi fe?
Si alguien no cree en ti, eso puede doler.
Si alguien te critica, puede afectarte.
Si alguien te decepciona, puede dejar una herida.
Pero ninguna de esas cosas tiene autoridad para cambiar el carácter de Dios.
Dios sigue siendo Dios cuando las circunstancias son favorables.
Y Dios sigue siendo Dios cuando atraviesas una temporada difícil.
Su fidelidad no aumenta cuando todo sale bien ni disminuye cuando algo sale mal.
Él permanece fiel.
Por eso, levántate hoy.
Vuelve a creer.
Vuelve a intentarlo.
Vuelve a orar.
Vuelve a trabajar.
Vuelve a construir.
Vuelve a amar.
Vuelve a obedecer.
Y cuando escuches la voz que te dice: “No puedes”, responde con la verdad de la Palabra.
Cuando alguien diga: “Eso es imposible”, recuerda que tu confianza no está fundamentada en la opinión de esa persona.
Y cuando tú mismo empieces a dudar, regresa a las Escrituras y recuerda:
Dios es fiel.
No necesitas que todos crean en ti para caminar en obediencia a Dios. Necesitas aprender a creerle a Él, caminar de acuerdo con su Palabra y permitir que sea Él quien dirija tus pasos.
Oración
Señor, ayúdame a confiar en tu fidelidad cuando las personas me fallen, cuando las circunstancias sean difíciles y cuando yo mismo tenga dudas. Renueva mi mente con tu verdad. Dame sabiduría para distinguir mis propios deseos de tu voluntad, valor para obedecer tu dirección y perseverancia para no abandonar aquello que me has llamado a hacer. Ayúdame a ser fiel en mi hogar, en mis finanzas, en mi trabajo y en mis relaciones. Que mi vida refleje la fidelidad que he recibido de ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Para recordar hoy
Las personas pueden cambiar, las circunstancias pueden cambiar y nuestras emociones pueden cambiar; pero Dios permanece fiel.
No construyas tu futuro sobre lo que otros dicen de ti.
Constrúyelo sobre la verdad de lo que Dios dice.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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