Escrito en tu corazón: Cómo reconocer la voz de Dios y vivir conforme a su voluntad

 


Escrito en tu corazón

“Ellos demuestran que tienen la ley de Dios escrita en el corazón, porque su propia conciencia y sus propios pensamientos o los acusan o bien les indican que están haciendo lo correcto.” — Romanos 2:15

Querido amigo de La Promesa Diaria y del Seminario Nueva Humanidad, hay algo extraordinario que Dios quiere hacer en tu vida: no solamente quiere que conozcas su Palabra, sino que quiere que su verdad transforme tu corazón.

En el Antiguo Testamento, los mandamientos de Dios fueron escritos en tablas de piedra. Pero Dios anunció que vendría un tiempo diferente:

“Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” — Jeremías 31:33.

Esta promesa encuentra su cumplimiento en el nuevo pacto establecido por Jesucristo. Cuando entregamos nuestra vida a Cristo, Dios no se limita a cambiar nuestras circunstancias externas: comienza una obra profunda en nuestro interior.

Dios quiere transformar lo que llevas dentro

Romanos 2:15 nos recuerda que la conciencia puede dar testimonio de lo que está bien y de lo que está mal. Sin embargo, la vida cristiana va mucho más allá de seguir simplemente nuestros sentimientos o nuestra conciencia.

La conciencia necesita ser formada y guiada por la verdad de Dios. Por eso necesitamos la Escritura y la dirección del Espíritu Santo.

Hebreos 8:10 vuelve a presentar esta maravillosa promesa: Dios escribe sus leyes en nuestra mente y en nuestro corazón.

Esto significa que obedecer a Dios no debería convertirse únicamente en una obligación externa. La obediencia comienza a surgir de una relación interna con Él.

Ya no se trata solamente de preguntar: “¿Qué puedo hacer sin pecar?”

La pregunta comienza a ser:

“Señor, ¿qué te agrada?”

Ese cambio revela una transformación profunda.

¿Cómo sabes que Dios está obrando en tu corazón?

Tal vez alguna vez hayas sentido dentro de ti una convicción que te llevó a reconocer que algo no estaba bien.

Quizás estabas a punto de decir una palabra hiriente y algo dentro de ti te detuvo.

Quizás recibiste dinero que sabías que no te correspondía y sentiste que debías devolverlo.

Quizás estabas pensando en tomar una decisión aparentemente conveniente, pero comprendiste que no era correcta delante de Dios.

Es importante distinguir algo: no toda sensación interior es automáticamente la voz de Dios. Nuestros sentimientos pueden equivocarse. Nuestra conciencia también puede estar mal formada.

Por eso la dirección del Espíritu Santo nunca debe separarse de la Palabra de Dios.

Jesús dijo:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” — Juan 14:15.

La evidencia de una fe auténtica no es solamente lo que decimos creer, sino cómo esa fe comienza a transformar nuestras decisiones.

En tu hogar

La ley de Dios escrita en tu corazón se manifiesta en la manera como tratas a quienes viven contigo.

Es fácil hablar de amor en público. El verdadero desafío aparece después de cerrar la puerta de nuestra casa.

Se manifiesta cuando decides escuchar en lugar de gritar.

Cuando reconoces un error y dices: “Perdóname.”

Cuando tienes la oportunidad de responder con dureza, pero eliges responder con mansedumbre.

Cuando sirves a tu familia sin esperar reconocimiento.

Efesios 4:32 nos exhorta a ser bondadosos, misericordiosos y perdonadores.

Quizás hoy Dios no te está pidiendo que cambies el mundo entero. Tal vez te está diciendo:

“Empieza por la persona que tienes delante.”

En tus finanzas

La espiritualidad también se demuestra con la manera en que manejamos el dinero.

La honestidad no debería depender de si alguien nos está observando.

Si puedes cobrar de más y nadie lo descubrirá, pero decides hacer lo correcto, estás demostrando que la verdad de Dios está gobernando tu corazón.

Si encuentras dinero que no te pertenece y decides devolverlo, estás obedeciendo aunque nadie te premie.

Si tienes deudas, puedes decidir asumir responsabilidad y buscar orden.

Si Dios te ha dado recursos, puedes aprender a administrarlos con sabiduría y generosidad.

Proverbios 11:1 enseña que Dios aborrece las balanzas engañosas, pero se complace en la honestidad.

La pregunta no es solamente:

“¿Cuánto dinero puedo ganar?”

También debemos preguntar:

“¿Puedo ganar este dinero de una manera que honre a Dios?”

En tu trabajo

Tu fe también entra contigo a la oficina, al negocio, al taller, al campo, al salón de clases o a cualquier lugar donde desarrolles tu labor.

Colosenses 3:23 dice:

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor.”

Eso significa trabajar con excelencia aunque el jefe no esté mirando.

Cumplir tus compromisos aunque nadie te esté vigilando.

No apropiarte de lo que pertenece a la empresa.

No participar en conversaciones que destruyen injustamente la reputación de un compañero.

No utilizar el engaño para obtener una ventaja.

Y cuando cometas un error, tener la valentía de reconocerlo.

La persona que lleva la Palabra de Dios escrita en su corazón no necesita una cámara vigilándola permanentemente para hacer lo correcto.

En tus amistades

También podemos preguntarnos: ¿qué clase de amigo estoy siendo?

Proverbios 17:17 dice que el amigo ama en todo tiempo.

Un amigo verdadero no solamente está presente cuando todo va bien. También permanece cuando llegan las dificultades.

Pero ser un buen amigo no significa aprobar todo lo que la otra persona hace.

A veces amar significa decir la verdad con humildad.

Si un amigo está tomando una decisión destructiva, puedes hablarle con respeto.

Si está pasando por una crisis, puedes acompañarlo.

Si ha cometido un error, puedes ayudarlo a levantarse sin justificar aquello que estuvo mal.

Jesús nos enseña que la verdad y el amor no son enemigos. Podemos hablar la verdad con amor.

No ignores la convicción

Aquí encontramos una advertencia importante.

Cuando sabemos que algo está mal y repetidamente decidimos ignorarlo, podemos comenzar a endurecer nuestro corazón.

La conciencia puede ser herida, silenciada o deformada cuando constantemente rechazamos la verdad.

Por eso, cuando Dios te muestra algo que debes corregir, no postergues la obediencia.

Si necesitas pedir perdón, hazlo.

Si necesitas devolver algo, devuélvelo.

Si necesitas abandonar una práctica incorrecta, comienza hoy.

Si necesitas reconciliarte con alguien, da el primer paso cuando sea posible y sabio hacerlo.

La obediencia tardía puede convertirse fácilmente en desobediencia permanente.

Una decisión para hoy

Quizás estás esperando una gran señal de Dios, pero Él ya te está hablando a través de su Palabra.

Quizás la dirección que necesitas no está en descubrir algo espectacular, sino en obedecer aquello que ya sabes que es correcto.

Dios quiere formar en ti un corazón sensible a su verdad.

Ezequiel 36:26 habla de la promesa de un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Esa es la obra que Dios desea realizar: no simplemente cambiar tus circunstancias, sino transformarte desde adentro.

Y cuando el corazón cambia, comienzan a cambiar las decisiones.

Cambian las palabras.

Cambian las prioridades.

Cambian las relaciones.

Cambian las finanzas.

Cambia la manera de trabajar.

Cambia la manera de enfrentar los problemas.

No porque ahora seas perfecto, sino porque Cristo está formando en ti una nueva manera de vivir.

Reflexión final

Detente un momento y pregúntate:

¿Qué me está mostrando Dios hoy que necesito obedecer?

No pienses primero en otra persona.

No pienses en tu esposo, tu esposa, tus hijos, tu jefe, tu vecino o tu amigo.

Pregúntate:

“Señor, ¿qué quieres transformar en mí?”

Tal vez sea una actitud.

Tal vez una palabra.

Tal vez una relación.

Tal vez una decisión financiera.

Tal vez una conducta que nadie conoce.

Tal vez simplemente necesitas volver a escuchar la voz de Dios con un corazón dispuesto.

Recuerda: Dios no quiere que su Palabra solamente esté en una Biblia abierta sobre tu mesa. Quiere que esté escrita en tu corazón y visible en tu manera de vivir.

Hoy puedes decir:

“Señor Jesús, escribe tu verdad más profundamente en mi corazón. Ayúdame a reconocer lo que te agrada, dame valor para obedecerte y sensibilidad para no ignorar tu dirección. Que mi vida, mis palabras, mi hogar, mi trabajo, mis finanzas y mis relaciones sean un reflejo de tu presencia en mí. Amén.”

No solamente leas la Palabra de Dios. Permite que la Palabra transforme tu corazón.

Y recuerda: cuando la verdad de Dios está escrita en el corazón, tarde o temprano comienza a verse en la vida.

Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]


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