Considera a Dios
Cuando las circunstancias dicen “imposible”, recuerda quién hizo la promesa
Querido amigo de La Promesa Diaria y del Seminario Nueva Humanidad:
Hay momentos en la vida en los que mirar nuestras circunstancias puede producir miedo, desánimo y hasta desesperanza. Vemos una cuenta que no alcanza, una enfermedad que parece no terminar, un problema familiar que se complica, una puerta laboral que permanece cerrada o un sueño que lleva demasiado tiempo esperando.
En esos momentos surge una pregunta: ¿qué estás considerando?
Porque aquello en lo que concentras tu atención termina influyendo profundamente en aquello en lo que decides creer.
La Biblia nos presenta a Abraham como un hombre que enfrentó una situación humanamente imposible. Dios le había prometido que sería padre de muchas naciones, pero el tiempo avanzaba y las circunstancias parecían contradecir la promesa.
Romanos 4:18 dice:
“Aun cuando no había motivos para tener esperanza, Abraham siguió teniendo esperanza porque había creído en que llegaría a ser el padre de muchas naciones.”
Abraham tenía razones para mirar sus circunstancias y decir: “Esto no puede suceder”. Pero decidió mirar más allá de sus limitaciones y considerar a Dios.
No ignores la realidad; mira la realidad desde la perspectiva de Dios
La fe bíblica no consiste en negar los problemas.
Abraham sabía que era anciano. Sabía que humanamente la situación era imposible. Sin embargo, no permitió que la imposibilidad de sus circunstancias fuera más grande que la capacidad de Dios.
Romanos 4:19-21 continúa diciendo que Abraham no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, sino que estuvo plenamente convencido de que Dios era también poderoso para cumplir lo que había prometido.
Esta es una diferencia fundamental.
La incredulidad pregunta: “¿Cómo voy a lograrlo?”
La fe pregunta: “¿Qué puede hacer Dios?”
La incredulidad solamente calcula los recursos disponibles.
La fe reconoce los recursos humanos, pero también considera el poder, la sabiduría y la fidelidad de Dios.
Por eso, cuando enfrentes una montaña, no solamente preguntes cuánto mide la montaña.
Pregúntate también:
¿Qué tan grande es mi Dios?
Considera Su Palabra
Abraham tenía una promesa que provenía de Dios.
Y cuando las circunstancias cambiaron, la palabra de Dios no perdió su autoridad.
Esto nos enseña algo poderoso: nuestras circunstancias pueden cambiar, pero el carácter de Dios no cambia.
Números 23:19 declara que Dios no es hombre para mentir.
Hebreos 10:23 nos anima a mantener firme la esperanza porque “fiel es el que prometió”.
Por eso, cuando llegue un día difícil, no alimentes solamente tu mente con las noticias negativas de tus circunstancias. Alimenta también tu espíritu con la verdad de la Palabra de Dios.
Si escuchas constantemente: “No puedes”, “no hay salida”, “todo está perdido”, tu corazón puede comenzar a vivir dominado por el temor.
Pero cuando recuerdas:
“Dios es fiel.”
“Dios está conmigo.”
“Dios puede abrir caminos donde yo no los veo.”
“Dios sigue siendo Dios aunque todavía no vea la respuesta.”
entonces empiezas a enfrentar la misma circunstancia desde una perspectiva diferente.
Considera Su fidelidad cuando el tiempo parece demasiado largo
Uno de los grandes desafíos de la fe no siempre es creer que Dios puede hacerlo.
A veces el verdadero desafío es seguir creyendo mientras esperamos.
Abraham tuvo que esperar.
Y nosotros también conocemos esa experiencia.
Quizás has orado por algo durante meses o años.
Has pedido por tu familia.
Has trabajado por una oportunidad.
Has intentado ordenar tus finanzas.
Has esperado una reconciliación.
Has presentado delante de Dios un proyecto.
Y quizá alguna vez pensaste:
“Señor, ¿cuánto más tengo que esperar?”
Aquí está una verdad que necesitas recordar:
El silencio de Dios no significa ausencia de Dios.
Que todavía no veas la respuesta no significa que Dios haya dejado de obrar.
La espera puede convertirse en un lugar donde Dios fortalece nuestra confianza, transforma nuestro carácter y nos enseña a depender menos de lo que vemos y más de quien Él es.
Considera a Dios en tu hogar
Tal vez tu desafío está dentro de tu propia casa.
Puede haber discusiones, diferencias entre esposos, hijos que están tomando decisiones preocupantes o familiares que se han distanciado.
No ignores el problema. Enfréntalo con responsabilidad, conversación, perdón y sabiduría.
Pero tampoco permitas que el problema sea lo único que consideras.
Antes de decir:
“Mi familia no tiene solución”,
recuerda:
Dios puede transformar corazones.
Ora por tu hogar.
Habla con amor.
Pide perdón cuando sea necesario.
Escucha antes de responder.
Y sigue creyendo que Dios puede hacer una obra que tú todavía no puedes ver.
A veces queremos que Dios cambie inmediatamente a los demás, cuando Él comienza transformándonos a nosotros.
Considera a Dios en tus finanzas
Quizá tu “imposible” está relacionado con el dinero.
Una deuda que parece demasiado grande.
Un ingreso insuficiente.
Un negocio que no está produciendo lo esperado.
Una responsabilidad económica que llegó inesperadamente.
La fe no significa gastar irresponsablemente esperando un milagro.
Considerar a Dios también significa actuar con sabiduría.
Haz un presupuesto.
Reduce gastos innecesarios.
Cumple tus compromisos.
Busca nuevas oportunidades.
Trabaja diligentemente.
Sé generoso dentro de tus posibilidades.
Y mientras haces tu parte, recuerda que tu provisión final no depende exclusivamente de las circunstancias actuales.
Filipenses 4:19 nos recuerda que Dios puede suplir nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria.
Haz lo que está en tus manos y deja en las manos de Dios aquello que está fuera de tu control.
Considera a Dios en tu trabajo
Quizá estás atravesando dificultades laborales.
No te valoran.
No recibes el ascenso que esperabas.
Tu negocio está atravesando una temporada difícil.
O quizá estás buscando empleo y las puertas parecen cerrarse una tras otra.
No confundas una puerta cerrada con el final de tu historia.
Puede ser simplemente una parte del proceso.
Colosenses 3:23 nos enseña a hacer nuestro trabajo de corazón, como para el Señor.
Trabaja con excelencia aunque nadie te esté mirando.
Sé puntual.
Sé responsable.
Sé honesto.
Aprende.
Mejora tus habilidades.
Trata bien a las personas.
Y mientras haces todo esto, considera a Dios.
Tal vez la oportunidad que estás esperando todavía no ha llegado porque Dios está preparando algo en ti antes de entregarte aquello que has estado pidiendo.
Considera a Dios en tus amistades
También necesitamos aplicar esta verdad a nuestras relaciones.
Hay amistades que decepcionan.
Personas que nos fallan.
Palabras que nos hieren.
Relaciones que terminan.
En esos momentos podemos caer en el resentimiento y comenzar a pensar:
“Nunca volveré a confiar en nadie.”
Pero considera a Dios.
La Biblia nos llama a perdonar, a amar y a procurar la paz cuando sea posible.
Eso no significa permitir abusos ni mantener relaciones destructivas. Significa no permitir que una experiencia dolorosa determine para siempre la manera en que vemos a todas las personas.
Pídele a Dios sabiduría para saber a quién acercarte, de quién tomar distancia y cómo responder con gracia.
La apologética de una fe que permanece
Desde una perspectiva apologética, la fe cristiana no consiste en creer ciegamente contra toda evidencia.
La fe bíblica tiene un objeto: Dios y su carácter revelado en su Palabra.
Abraham no estaba confiando en una ilusión creada por su imaginación. Estaba confiando en el Dios que había hablado y había demostrado ser fiel.
La pregunta central no es simplemente:
“¿Tengo suficiente fe?”
También debemos preguntarnos:
“¿En quién estoy depositando mi fe?”
Una gran fe puesta en un fundamento falso no puede sostenernos.
Pero una confianza sincera puesta en el Dios verdadero tiene un fundamento firme.
Por eso nuestra esperanza no depende de repetir frases positivas hasta convencernos de que todo saldrá como queremos.
Nuestra esperanza descansa en quién es Dios.
Dios es fiel.
Dios es soberano.
Dios es bueno.
Dios es sabio.
Dios es poderoso.
Y aunque no siempre entendamos sus tiempos o sus caminos, podemos confiar en su carácter.
No mires solamente la montaña
Quizá hoy tienes una montaña delante de ti.
Una montaña familiar.
Una montaña financiera.
Una montaña laboral.
Una montaña emocional.
Una montaña relacionada con tus sueños.
Y posiblemente llevas tanto tiempo mirándola que has comenzado a pensar que esa montaña define tu futuro.
Pero hoy quiero recordarte algo:
Tu montaña no es más grande que tu Dios.
David vio a Goliat, pero también consideró al Dios de Israel.
Moisés vio el mar Rojo, pero Dios vio un camino.
Josué vio los muros de Jericó, pero Dios vio una victoria.
Abraham vio su edad y sus limitaciones, pero decidió considerar la fidelidad de Dios.
Entonces, ¿qué estás considerando tú?
Si solamente consideras lo que falta, vivirás dominado por la escasez.
Si solamente consideras el problema, vivirás dominado por el temor.
Si solamente consideras tus limitaciones, terminarás creyendo que no hay posibilidades.
Pero cuando consideras a Dios, comienzas a recordar que lo imposible para los hombres no limita al Dios todopoderoso.
Una reflexión para hoy
Detente por unos minutos y pregúntate:
¿Qué situación estoy mirando demasiado y qué atributo de Dios estoy olvidando?
Tal vez necesitas dejar de repetir:
“Esto nunca va a cambiar”.
Y comenzar a decir:
“No sé cómo cambiará, pero sé en quién he confiado.”
Tal vez necesitas dejar de decir:
“No hay ninguna salida”.
Y comenzar a declarar:
“Todavía no veo la salida, pero Dios sigue siendo fiel.”
Tal vez necesitas dejar de medir tu futuro por tu situación presente.
Recuerda que Dios no necesita que las circunstancias sean favorables para comenzar a obrar.
Abraham tuvo que aprender a creer cuando todavía no veía el cumplimiento.
Y tú también puedes aprender a caminar por fe.
Hoy decide considerar a Dios
No te estoy diciendo que cierres los ojos ante tus problemas.
Te estoy invitando a abrirlos para ver algo más grande.
Considera tu situación, sí.
Pero considera también a Dios.
Considera Su Palabra.
Considera Su fidelidad.
Considera Su poder.
Considera Su sabiduría.
Considera Su amor.
Considera lo que ya ha hecho.
Y entonces levántate y sigue caminando.
Haz tu parte.
Ora.
Trabaja.
Persevera.
Corrige lo que tengas que corregir.
Pide perdón cuando sea necesario.
Sé responsable con tus recursos.
Ama a tu familia.
Sirve a los demás.
Y mientras haces todo esto, mantén tus ojos puestos en Dios.
Porque algunas veces Dios no cambia inmediatamente la montaña que tienes delante.
Primero cambia la manera en que tú la miras.
Oración
Señor, hoy decido considerarte a Ti por encima de mis circunstancias. Cuando mis fuerzas sean pocas, recuérdame que Tú eres poderoso. Cuando el tiempo de espera sea largo, recuérdame que Tú eres fiel. Cuando no vea una salida, ayúdame a confiar en que Tú sigues obrando. Dame sabiduría para hacer mi parte, paciencia para esperar tus tiempos y fe para no rendirme. Que mi corazón no sea gobernado por lo que veo, sino fortalecido por lo que sé de Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Para recordar durante el día
No te enfoques solamente en lo grande que es tu problema.
Detente y considera qué tan grande es tu Dios.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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