No Condenación
“Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús.” — Romanos 8:1
Querido amigo de La Promesa Diaria y del Seminario Nueva Humanidad, quizá hoy estás luchando contra una voz interior que constantemente te recuerda tus errores, tus fracasos, tus decisiones equivocadas o aquellas cosas de tu pasado que desearías poder borrar.
Tal vez alguien te dijo alguna vez: “No sirves”, “nunca vas a cambiar”, “no eres capaz”, “siempre vas a ser así”. Y con el paso del tiempo comenzaste a repetir esas palabras dentro de tu propia mente.
Pero hoy quiero recordarte una verdad que tiene el poder de cambiar la manera en que te ves a ti mismo:
En Cristo, tu pasado no tiene la última palabra. La condenación no tiene la última palabra. Tus errores no tienen la última palabra. Dios tiene la última palabra.
La diferencia entre convicción y condenación
Es importante comprender algo desde la perspectiva bíblica.
El Espíritu de Dios puede mostrarnos nuestro pecado para llevarnos al arrepentimiento y a la transformación. Pero la condenación pretende destruir nuestra identidad y hacernos creer que ya no tenemos esperanza.
La convicción dice:
“Lo que hiciste estuvo mal; ven a Dios, arrepiéntete y cambia.”
La condenación dice:
“Tú eres un fracaso. No tienes remedio. Dios no puede usarte.”
Una nos conduce hacia Dios; la otra intenta alejarnos de Él.
Romanos 8:1 no dice que los que están en Cristo nunca hayan cometido errores. Dice que ya no hay condenación para ellos.
Esto no significa que el pecado no importe. Significa que Jesucristo hizo lo necesario para que nuestro pecado no tenga que definir eternamente quiénes somos.
Dios no te define por tu peor momento
Quizá has cometido errores en tu matrimonio, en tu familia, en tus finanzas, en tu trabajo o en tus relaciones.
Pero escucha esto con atención:
Tu error puede formar parte de tu historia sin convertirse en tu identidad.
Pedro negó a Jesús, pero su fracaso no fue el final de su historia.
David cometió graves errores, pero encontró restauración.
Pablo persiguió a los seguidores de Cristo, pero Dios transformó su vida y posteriormente lo utilizó poderosamente.
La gracia de Dios no significa que nuestros errores sean insignificantes. Significa que Dios puede redimir incluso aquello que nosotros pensamos que arruinó nuestra vida.
Por eso, no confundas una temporada difícil con tu identidad.
No digas:
“Soy un fracaso”.
Di:
“Cometí un error, pero Dios todavía está trabajando en mí.”
No digas:
“Nunca voy a cambiar”.
Di:
“Dios puede transformar mi vida.”
No digas:
“Mi pasado me condena”.
Di:
“En Cristo tengo una nueva oportunidad.”
En tu hogar
La condenación puede aparecer después de una discusión familiar.
Quizá dijiste palabras que lastimaron a tu esposo, esposa, hijos o padres. Después, cuando llega la noche, tu mente comienza a castigarte:
“Soy una terrible persona.”
En lugar de permanecer atrapado en la culpa, reconoce tu error, pide perdón, busca reconciliación y permite que Dios transforme tu manera de actuar.
La gracia no te invita a esconder tus errores.
Te da el valor para enfrentarlos y cambiar.
Una familia saludable no está formada por personas que nunca se equivocan, sino por personas que saben reconocer sus errores, pedir perdón y comenzar nuevamente.
En tus finanzas
Tal vez tomaste decisiones financieras equivocadas.
Endeudaste demasiado tu hogar. Invertiste mal. Perdiste dinero. Confiaste en la persona equivocada.
No permitas que una mala decisión económica se convierta en una sentencia sobre tu futuro.
Puedes aprender.
Puedes reorganizar tus prioridades.
Puedes pedir consejo.
Puedes comenzar nuevamente.
La condenación dice:
“Arruinaste todo.”
La sabiduría dice:
“Aprende de lo ocurrido y construye de manera diferente.”
Dios puede utilizar incluso una temporada de dificultad para enseñarte disciplina, prudencia y responsabilidad.
En tu trabajo
Quizá cometiste un error profesional.
Quizá no recibiste el ascenso que esperabas. Tal vez alguien criticó tu trabajo o te hizo sentir incompetente.
No permitas que una evaluación negativa se convierta en una identidad negativa.
Una cosa es decir:
“Necesito mejorar.”
Y otra muy diferente:
“No valgo nada.”
La primera actitud produce crecimiento.
La segunda produce parálisis.
Recuerda: tu valor delante de Dios no depende de tu cargo, tu salario, tus resultados ni de la opinión de tus compañeros.
Trabaja con excelencia, aprende de tus errores y continúa avanzando.
En tus amistades
También podemos experimentar condenación cuando una amistad termina.
Quizá alguien te traicionó. Quizá tú traicionaste la confianza de alguien. Quizá dijiste algo que no debías.
Cuando sea posible, busca reconciliación.
Cuando sea necesario, establece límites.
Cuando una relación deba terminar, aprende a dejarla en las manos de Dios.
Pero no permitas que una experiencia dolorosa te convenza de que nadie puede amarte ni confiar en ti jamás.
Una relación rota no determina tu capacidad para amar.
Una traición no determina tu valor.
Un rechazo no determina tu futuro.
Aprende a responder a la voz de la condenación
Cuando aparezca esa voz que dice:
“No eres suficiente.”
Responde:
“Mi suficiencia está en Cristo.”
Cuando diga:
“Nunca vas a cambiar.”
Responde:
“Dios está haciendo una obra en mí.”
Cuando diga:
“Tu pasado te descalifica.”
Responde:
“En Cristo soy una nueva creación.”
(2 Corintios 5:17).
Cuando diga:
“Dios ya no puede utilizarte.”
Responde:
“Dios todavía tiene propósito para mi vida.”
No se trata de repetir frases positivas vacías. Se trata de reemplazar una mentira con una verdad bíblica.
La apologética cristiana nos recuerda que nuestra fe no está fundamentada simplemente en cómo nos sentimos. Nuestra esperanza descansa en la persona y obra de Jesucristo.
La verdad de Dios permanece aunque nuestras emociones cambien.
Hoy puedes sentirte débil, pero eso no cambia quién es Dios.
Puedes sentirte indigno, pero eso no cambia lo que Cristo hizo.
Puedes sentir que has fracasado, pero eso no significa que Dios haya terminado contigo.
Mira tu vida desde la perspectiva de Dios
Quizá llevas años mirándote a través de los ojos de tus errores.
Hoy Dios te invita a comenzar a mirarte a través de Su gracia.
No eres simplemente la persona que falló.
Eres una persona que puede levantarse.
No eres simplemente alguien que perdió una oportunidad.
Eres alguien que todavía puede caminar hacia el propósito de Dios.
No eres tu pasado.
Eres una persona en proceso de transformación.
Por eso, mañana cuando despiertes, antes de permitir que la culpa, el miedo o las voces negativas comiencen a gobernar tus pensamientos, recuerda Romanos 8:1:
“Ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús.”
Levántate.
Ora.
Corrige lo que tengas que corregir.
Pide perdón cuando sea necesario.
Aprende de tus errores.
Vuelve a intentarlo.
Y continúa caminando con Dios.
Reflexión final
La pregunta no es solamente: “¿Qué hice mal?”
También debes preguntarte:
“¿Qué quiere Dios enseñarme a través de esto?”
La condenación quiere que permanezcas mirando hacia atrás.
La gracia te permite aprender del pasado mientras avanzas hacia el futuro.
Quizá hoy no necesitas otra acusación.
Quizá necesitas recordar que la cruz de Cristo fue suficiente.
Jesús no murió para que vivieras eternamente castigándote por aquello de lo que Él quiere restaurarte.
Por eso, entrega tu culpa a Dios.
Recibe Su perdón.
Acepta Su gracia.
Y vuelve a caminar.
No permitas que una voz de condenación sea más fuerte que la voz de la gracia.
Declaración para hoy
Hoy declaro que mi pasado no determina mi futuro.
No soy definido por mis errores.
No vivo bajo condenación.
Pertenezco a Cristo.
Dios me ama, me transforma y tiene propósito para mi vida.
Cuando caiga, me levantaré.
Cuando falle, aprenderé.
Cuando sea débil, buscaré Su fuerza.
Y seguiré avanzando, porque en Cristo Jesús ya no hay condenación. Amén.
Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]
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