No eres así para siempre: descubre cómo romper viejos hábitos y crecer espiritualmente

 


Continúa creciendo

“Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero hacer lo que está mal, pero igual lo hago.”
Romanos 7:19

Querido amigo de La Promesa Diaria y del Seminario Nueva Humanidad, quizá hoy estás luchando con algo que llevas años intentando cambiar.

Tal vez es una reacción de enojo, una palabra que después lamentas, un pensamiento negativo, una mala costumbre, una dificultad para administrar tus finanzas, desorden, impaciencia, temor o alguna actitud que sabes que no representa la persona que Dios quiere formar en ti.

Y quiero comenzar diciéndote algo importante: tu lucha no significa que hayas perdido tu capacidad de crecer.

Pablo conocía esa tensión. Sabía lo que era desear hacer el bien y, sin embargo, descubrir que todavía existían tendencias dentro de él que necesitaban ser transformadas.

La vida cristiana no consiste en alcanzar la perfección de un día para otro. Es un proceso de transformación.

Dios está trabajando en ti

Quizá quisieras que Dios cambiara inmediatamente ese aspecto de tu carácter que te incomoda. Pero muchas veces Dios trabaja en nosotros de manera progresiva.

No creciste físicamente de la noche a la mañana. Tampoco desarrollaste tus hábitos actuales en un solo día.

De la misma manera, el crecimiento espiritual requiere tiempo, perseverancia y práctica.

Pablo explica este proceso cuando escribe:

“Sean transformados mediante la renovación de su mente.”
Romanos 12:2

Observa la palabra transformados. Dios no solamente quiere mejorar algunas conductas externas; quiere renovar nuestra manera de pensar, nuestras motivaciones y nuestras decisiones.

Por eso no debes decir:

“Así soy yo.”

Puedes decir:

“Esto es algo que estoy aprendiendo a cambiar con la ayuda de Dios.”

Hay una diferencia enorme entre ambas afirmaciones.

La primera convierte tu debilidad en identidad.

La segunda reconoce tu debilidad, pero también reconoce que Dios todavía está obrando en ti.

No confundas tu pasado con tu identidad

Quizá escuchaste durante años:

“En nuestra familia todos somos así.”

“Mi padre tenía ese carácter.”

“Mi madre era muy negativa.”

“Yo siempre he sido desordenado.”

“Yo nunca he sabido administrar el dinero.”

“Yo soy impaciente.”

Pero tu historia puede explicar algunos de tus hábitos, pero no tiene que determinar tu futuro.

Tu pasado puede haber influido en ti, pero no tiene autoridad para definir quién puedes llegar a ser en Cristo.

La Biblia dice:

“Si alguno está en Cristo, es una nueva creación; lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo.”
2 Corintios 5:17

Esto no significa que al entregar nuestra vida a Cristo desaparezcan automáticamente todas nuestras luchas.

Significa que ya no estamos condenados a permanecer como antes.

Hay una nueva vida disponible.

Hay una nueva manera de pensar.

Hay nuevas decisiones que podemos aprender a tomar.

Hay nuevos hábitos que podemos desarrollar.

Y, sobre todo, tenemos la gracia de Dios acompañándonos en el proceso.

Todos estamos practicando algo

Aquí encontramos una verdad muy práctica:

La repetición fortalece los hábitos.

Si practicas la impaciencia constantemente, te vuelves más rápido para reaccionar con impaciencia.

Si practicas la crítica, encontrarás cada vez más cosas para criticar.

Si alimentas continuamente pensamientos negativos, tu mente aprenderá a buscar razones para permanecer negativa.

Pero también funciona al contrario.

Practica la gratitud y comenzarás a reconocer más motivos para agradecer.

Practica la paciencia y aprenderás a responder de manera diferente.

Practica el perdón y dejarás de vivir esclavizado por las ofensas.

Practica la generosidad y tu corazón comenzará a desprenderse del egoísmo.

Practica la oración y aprenderás a llevar tus preocupaciones primero a Dios.

Por eso, no solamente ores:

“Señor, quita mi mal carácter.”

También comienza a practicar respuestas diferentes cuando tengas la oportunidad de enojarte.

No solamente ores:

“Señor, ayúdame con mis finanzas.”

También comienza a practicar orden, responsabilidad, generosidad y dominio propio.

No solamente digas:

“Quiero tener mejores relaciones.”

Comienza a practicar escuchar, pedir perdón, hablar con respeto y valorar a las personas.

En tu hogar

El crecimiento espiritual se demuestra especialmente en casa.

Es relativamente fácil parecer paciente frente a personas que conocemos poco. El verdadero desafío aparece cuando alguien cercano toca nuestras emociones.

Quizá hoy puedes practicar algo sencillo:

Antes de responder con enojo, haz una pausa.

Antes de levantar la voz, escucha.

Antes de señalar el error de alguien, pregúntate si puedes responder con gracia.

Tu familia no necesita una persona perfecta.

Necesita ver a alguien que está dispuesto a crecer.

Un esposo que aprende a escuchar.

Una esposa que aprende a perdonar.

Un padre que reconoce cuando se equivoca.

Un hijo que aprende a respetar.

Una familia que entiende que pedir perdón no es debilidad; es madurez.

En tus finanzas

También podemos crecer espiritualmente en nuestra manera de manejar el dinero.

Tal vez durante años has sido desordenado con tus finanzas y piensas:

“Yo soy así.”

No.

Puedes comenzar nuevamente.

Haz un presupuesto.

Distingue entre necesidad y deseo.

Evita decisiones impulsivas.

Cumple tus compromisos.

Aprende a ahorrar.

Sé generoso dentro de tus posibilidades.

Y, sobre todo, no permitas que el dinero determine tu valor personal.

Jesús enseñó que nuestro corazón está profundamente relacionado con aquello que consideramos nuestro tesoro (Mateo 6:21).

El crecimiento también significa aprender a administrar correctamente lo que Dios ha puesto en nuestras manos.

En tu trabajo

Quizá tu desafío está en el trabajo.

Tal vez eres impaciente con tus compañeros, te frustras fácilmente, procrastinas o constantemente te concentras en lo negativo.

Entonces comienza a practicar algo diferente.

Llega con una actitud de responsabilidad.

Cumple tu palabra.

Haz tu trabajo con excelencia.

Trata con respeto incluso a quien piensa diferente.

En lugar de preguntar solamente:

“¿Qué puedo obtener de este trabajo?”

pregúntate:

“¿Qué clase de persona estoy llegando a ser mientras trabajo?”

Colosenses 3:23 nos recuerda que debemos hacer nuestro trabajo de corazón, como para el Señor.

Tu lugar de trabajo también puede convertirse en un espacio donde tu carácter sea transformado.

En tus amistades

Y quizá existe una relación que necesita crecimiento.

Tal vez tienes un amigo que te ofendió.

Quizá estás cansado de dar siempre el primer paso.

Tal vez tienes la costumbre de hablar de los demás o de reaccionar rápidamente cuando alguien te contradice.

Aquí también puedes practicar algo nuevo.

Habla menos y escucha más.

Juzga menos y comprende más.

Critica menos y anima más.

Guarda menos resentimiento y aprende a perdonar.

Eso no significa permitir abusos ni mantener relaciones destructivas. Significa que, dentro de los límites saludables y sabios, puedes decidir responder de una manera que refleje a Cristo.

No te rindas por tus recaídas

Hay algo que quiero que recuerdes especialmente:

Una caída no significa que todo el crecimiento anterior haya desaparecido.

Si estás aprendiendo a controlar tu carácter y un día vuelves a reaccionar mal, no digas:

“Ya no puedo cambiar.”

Levántate.

Reconoce tu error.

Pide perdón.

Aprende de lo ocurrido.

Y vuelve a practicar lo correcto.

Proverbios 24:16 nos recuerda que el justo puede caer y volver a levantarse.

La victoria no siempre consiste en nunca caer.

Muchas veces consiste en levantarte cada vez que caes y continuar caminando con Dios.

Sigue creciendo

Quizá todavía no eres la persona que quieres llegar a ser.

Pero tampoco eres la persona que eras.

Eso también es crecimiento.

Quizá todavía luchas con algunas áreas.

Pero hoy reconoces cosas que antes ni siquiera veías.

Quizá todavía cometes errores.

Pero ahora sabes pedir perdón.

Quizá todavía tienes pensamientos negativos.

Pero estás aprendiendo a reemplazarlos por la verdad de Dios.

Quizá todavía necesitas ordenar tus finanzas.

Pero ya comenzaste a tomar responsabilidad.

Quizá tu matrimonio todavía necesita restauración.

Pero ahora estás aprendiendo a escuchar.

Quizá tus relaciones todavía necesitan sanar.

Pero ya no quieres responder de la misma manera.

Continúa creciendo.

No desprecies los pequeños avances.

Una decisión correcta repetida muchas veces puede convertirse en un nuevo hábito.

Un nuevo hábito puede convertirse en un nuevo estilo de vida.

Y un nuevo estilo de vida puede convertirse en un testimonio poderoso de lo que Dios puede hacer con una persona que decide perseverar.

Filipenses 1:6 nos da una esperanza maravillosa: Dios, quien comenzó la buena obra en nosotros, continuará llevándola adelante.

Así que hoy no mires solamente lo que todavía falta.

Mira también lo que Dios ya ha comenzado.

No estás terminado.

Dios todavía está trabajando.

Todavía puedes aprender.

Todavía puedes cambiar.

Todavía puedes crecer.

No abandones el proceso solamente porque todavía no has llegado a la meta.

Sigue practicando lo correcto.

Sigue renovando tu mente.

Sigue tomando decisiones sabias.

Sigue buscando a Dios.

Sigue levantándote.

Y continúa creciendo.

Una reflexión para hoy

Pregúntate sinceramente:

¿Qué hábito estoy practicando diariamente que me está acercando a la persona que Dios quiere que sea?

Y después pregúntate:

¿Qué hábito necesito comenzar a practicar desde hoy?

No intentes cambiarlo todo de una vez.

Escoge un área.

Una decisión.

Un hábito.

Y comienza.

Porque el crecimiento espiritual no ocurre solamente cuando escuchamos la Palabra.

Ocurre cuando empezamos a vivirla.

Oración

Señor, reconozco que todavía hay áreas de mi vida que necesitan ser transformadas. No quiero esconder mis debilidades ni utilizarlas como excusa para permanecer igual.

Ayúdame a renovar mi mente, cambiar mis hábitos y aprender a tomar decisiones que honren tu nombre.

Dame paciencia para respetar el proceso.

Dame disciplina para practicar lo correcto.

Dame humildad para reconocer mis errores.

Dame fuerza para levantarme cuando caiga.

Y ayúdame a recordar que mi pasado no determina mi futuro, porque tú todavía estás trabajando en mí.

Hoy decido no rendirme.

Voy a seguir creciendo.

Voy a seguir aprendiendo.

Voy a seguir confiando en ti.

En el nombre de Jesús. Amén.

Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]


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