¿Hacia dónde estás mirando? Cuando mis fuerzas se agotaron, mis ojos se abrieron: El secreto

Vuelve Tus Ojos a Él

“Entonces, por fin, el pueblo mirará a su Creador y volverá sus ojos al Santo de Israel” (Isaías 17:7).

Querido seguidor de La Promesa Diaria,
hay momentos en la vida en los que, sin darnos cuenta, nuestra mirada se desvía. No dejamos de creer, pero dejamos de mirar. Seguimos caminando, pero ya no lo hacemos conscientes de la presencia del Pastor. Isaías anuncia un día en el que el pueblo, cansado de mirar sus propias obras, volverá los ojos al Santo de Israel. Ese día no es solo profético; también es profundamente personal.

La Escritura confirma esta verdad cuando dice: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6). Sin embargo, el corazón del mensaje no es el extravío, sino el regreso. Dios no es un espectador distante; es el Buen Pastor que deja las noventa y nueve para buscar a la que se perdió (Lucas 15:4). Él no busca castigar, sino restaurar la mirada.

Volver los ojos a Dios implica más que una oración ocasional; es un acto de rendición diaria. Es reconocer que aquello que nos distrae, nos cansa o nos hiere, no puede darnos la paz que solo Él ofrece. El salmista lo expresó con claridad: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová” (Salmos 121:1–2).

Cuando volvemos nuestros ojos al Padre, ocurre un intercambio divino:

  • Nuestra vergüenza por Su justicia (Isaías 61:10).

  • Nuestras heridas por Su sanidad (Salmos 147:3).

  • Nuestro temor por Su paz (Juan 14:27).

El rostro que encontramos no es de reproche, sino de gracia. El abrazo que recibimos no es de juicio, sino de pertenencia.

Ejemplos aplicables para la vida diaria

En el hogar:
Cuando la rutina, el cansancio o los conflictos familiares te llevan a reaccionar con dureza, vuelve tus ojos a Dios antes de responder. Una breve oración en medio de la tensión puede cambiar el ambiente del hogar. Mirarlo a Él te ayuda a recordar que el amor, la paciencia y el perdón comienzan en Su corazón y se reflejan en el tuyo.

En el trabajo:
En momentos de presión, competencia o injusticia, es fácil mirar solo el problema o el temor al fracaso. Volver tus ojos a Dios significa trabajar con integridad, confiar en Su provisión y recordar que tu valor no depende de un resultado, sino de Aquel que te llamó y te capacita.

En tus relaciones y amistades:
Cuando surgen decepciones, malentendidos o distancias, volver los ojos al Padre te permite ver a los demás con compasión y no solo con juicio. Él sana tu corazón primero para que puedas amar sin cargas ni resentimientos.

En tu vida personal:
Si te has alejado en alguna área —emocional, espiritual o moral—, hoy es un buen día para detenerte y mirar de nuevo al Pastor. Él sigue ahí. Nunca dejó de mirarte.

Reflexión final

Volver los ojos a Dios no es un retroceso; es el mayor acto de valentía espiritual. Es admitir que necesitamos dirección y que Su luz es más clara que cualquier camino que hayamos intentado recorrer solos. Hoy, el Padre te espera con los brazos abiertos, listo para cubrirte con Su manto y guiarte nuevamente hacia verdes pastos.

Nuestro propósito de Vida es: Vivir la Palabra con V de Victoria.

Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]


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