¿Estás bloqueando tu milagro? Descubre cómo posicionarte hoy para la sanidad divina

 Posicionado para la Sanación

“Te devolveré la salud y sanaré tus heridas”, dice el Señor (Jeremías 30:17).

La sanidad no es solo un milagro que esperamos; muchas veces es una posición que aprendemos a ocupar. En Jeremías 30:17, Dios no solo anuncia Su poder para sanar, sino también Su intención restauradora: Él desea devolver, reconstruir y renovar aquello que fue herido.

Desde una perspectiva bíblica, vemos que Dios es la fuente de toda sanidad (Éxodo 15:26), pero también observamos que Él nos llama a una mayordomía responsable de nuestra vida, nuestro cuerpo y nuestras decisiones. El cuerpo humano, diseñado con sabiduría divina, posee una capacidad asombrosa de recuperación. Cuando alineamos nuestra fe con acciones conscientes, nos colocamos en el lugar donde la gracia de Dios fluye con mayor libertad.

Sanidad: promesa divina y responsabilidad humana

La Escritura nos enseña que la fe no es pasiva. Santiago afirma que “la fe, si no tiene obras, está muerta” (Santiago 2:17). Creer en la sanidad implica confiar en Dios, pero también cooperar con lo que Él ya ha puesto a nuestro alcance: disciplina, cuidado, descanso, alimentación, orden emocional y espiritual.

A veces esperamos un gran cambio sin dar pequeños pasos. Sin embargo, el Reino de Dios opera con principios de siembra y crecimiento. Jesús mismo habló de semillas pequeñas que producen grandes resultados (Mateo 13:31-32).

Ejemplos aplicables a la vida diaria

En el hogar:
Tal vez la sanidad que necesitas comienza con hábitos simples: dormir mejor, hidratarte, reducir el estrés del ambiente familiar, o establecer tiempos de oración y gratitud. Un hogar donde hay paz emocional prepara el terreno para la sanidad física y espiritual.

En el trabajo:
El exceso de presión, la falta de límites y el agotamiento constante pueden convertirse en puertas abiertas para la enfermedad. Posicionarte para la sanación puede significar aprender a decir “no”, organizar mejor tus tiempos o tomar pausas saludables. Honrar tu cuerpo también es honrar a Dios.

En tus relaciones y amistades:
Las heridas emocionales no resueltas afectan el cuerpo. El perdón, la reconciliación y la elección de relaciones sanas son actos profundamente terapéuticos. Proverbios 17:22 nos recuerda: “El corazón alegre constituye buen remedio”.

En tu caminar personal:
Quizás no puedes correr hoy, pero puedes dar un paso. Tal vez no puedes cambiar todo tu estilo de vida de inmediato, pero sí empezar con una caminata corta, una mejor elección alimenticia o una actitud más agradecida. Dios honra los comienzos humildes (Zacarías 4:10).

Una posición que activa la promesa

Dios ya prometió sanarte. La pregunta no es si Él puede hacerlo, sino si estamos dispuestos a alinearnos con Su sabiduría. Cuando haces tu parte con fidelidad —aunque sea pequeña— te colocas en la posición correcta para recibir lo que Dios ya declaró sobre tu vida.

Da hoy ese paso de fe. Dios te encontrará donde estés, y desde allí comenzará el proceso de restauración.

Por: William de Jesús Vélez Ruíz [WilliVeR]


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